Menos trajes y desfiles, más memoria

Cada 24 de mayo, las calles de Ecuador se llenan, discursos con pomposidad, ofrendas florales ante monumentos de mármol pulido, los mejores trajes y corbatas. Sin embargo, detrás del brillo de las bayonetas se esconde una amnesia histórica selectiva: la libertad de la república se cimentó sobre la primera línea de fuego de los batallones afrodescendientes, cuyo sacrificio fue pagado con el olvido deliberado de las élites criollas.
El caso del Batallón Nº 8 de Los Andes es el reflejo de esta contradicción moral. Estos soldados, en su mayoría negros libres y esclavizados que buscaban la manumisión por las armas, resistieron con un coraje sobrehumano el embate realista en el Pichincha, bajo una asimetría total de recursos.
La ironía de nuestra independencia es desgarradora y de una profunda ingratitud geopolítica: años antes, la gesta libertaria había recibido el apoyo crucial del presidente de Haití, Alexandre Pétion, bajo la promesa explícita de otorgar la libertad a los esclavizados en los territorios liberados. Sin embargo, este compromiso fue traicionado.
Los mismos hombres que rompieron las cadenas de la Corona española volvieron a la sumisión de los trapicheos, las minerías y las haciendas. Pusieron el pecho a las balas en 1822, pero la patria les mezquinó la condición de ciudadanos libres hasta la abolición definitiva de la esclavitud en 1854. Tres décadas de explotación republicana fueron la recompensa para los verdaderos libertadores.
Hoy, la geografía de nuestras ciudades perpetúa esa injusticia. No existe en el país un solo monumento nacional de envergadura, ni una avenida principal, que rescate del anonimato al soldado afrodescendiente. Esta ausencia no es un descuido fortuito; es racismo estructural convertido en urbanismo.
Fortalecer la memoria exige ir más allá del folclor institucional. Es urgente que el Ministerio de Educación reforme los libros de historia y las ciencias sociales para que las aulas dejen de enseñar una historia blanqueada y asuman que la gesta libertaria fue profundamente popular y afrodescendiente. Asimismo, los municipios deben reconfigurar el espacio público, bautizando calles y erigiendo monumentos que devuelvan la dignidad a estos batallones.
Ecuador no puede seguir celebrando una libertad a medias mientras mantenga a sus héroes negros en el calabozo del olvido. Menos desfiles vacíos o corbatas de colores y más justicia histórica; la memoria real no se ensaya o se inclina la cancha para un solo lado, se escribe con la verdad. (O)
