La toxicomanía del uniforme

Columnistas, Opinión

n el último paro de octubre 2025 en Imbabura, existen diferentes opiniones de la sociedad sobre casos específicos del proceder de los militares y policías frente a los protestantes. Juzgar, solo por ver un fragmento de un video o escuchar los rumores sin ver todo el contexto, es osado. Empero, existen demasiados casos sobre el abuso del poder en la historia nacional  por parte de la fuerza pública que alimentan el hambre tenaz del pueblo por el morbo, como en las épocas de violencia tribal y de escenas dantescas. Mientras tanto, quién consuela a las familias de las víctimas mortales de José Alberto Guamán Izama, Efraín Fuérez, Rosa Elena Paqui.

Instituciones tan nobles como la policía y el ejército ecuatoriano, han denigrado su imagen por tener malos elementos y propiciar procedimientos absurdos que dejan en el imaginario social un rencor irreversible, como lo que sucedió con los Niños de las Malvinas, sobre la desaparición forzada de Steven Medina, Nehemías Arboleda, Josué Arroyo e Ismael Arroyo. Que además de dejar un vacío y depresión en sus familias, abrió un debate en el país que solo demostró lo fragmentada que está la sociedad.

¿Y del paro nacional de junio 2022? Silencio total. Nadie habla de los muertos: Johnny Muenala, Byron Guatatoca, Henry Quezada, Franco Íñiguez, José Villa, Sargento José Chimarro, Juan Sisalema  que, desde su santa sepultura dejan un significado con su inmolación, que es el patriotismo y la convicción cívica de alzar su voz cuando se sienten vulnerados.

El pueblo olvida muy rápido el dolor y lágrimas del padre de la Subteniente Aidita Pamela Ati Gavilánes que falleció en el destacamento de las Fuerzas Armadas en Puerto Francisco de Orellana, el pasado 29 de junio de 2024. Todo esto frente a una colectividad que se queda callada con una mirada indiferente, ante viles crímenes que al pasar los años el tiempo los entierra en el olvido.

En este mes, según el reportaje del The New York Times, informó acerca del  bombardeo de Ecuador con apoyo de Estados Unidos en la frontera con Colombia contra una granja lechera. Es una pena que cuando alguien se acostumbra a mentir, luego la reacción natural es no creerle. Existe la posibilidad de que el bombardeo sea justificable. Sin embargo, las instituciones que defienden a nuestra Patria tienen una credibilidad desgastada, y cualquier narrativa o estrategia comunicacional son insostenibles e irracionables.

Hace varios años, vestir un uniforme de la policía o del ejército, llenaba de orgullo a quienes formaban parte de tan elogiadas instituciones. No obstante, hoy sucede, que el vestirse de uniforme produce un tipo de toxicomanía, las tropas se obnubilan, pierden la conciencia de lo social y se confunden de cuál es su rol principal, que es defender a los ciudadanos y velar por la seguridad.

El objetivo de este artículo es para reflexionar sobre los acontecimientos que por varios años han sucedido en estas instituciones. Las cuales aún gozan de respeto y prestigio, que esperemos continúen luchando contra la delincuencia, y no se conviertan en escuadrones que provoquen pánico y zozobra en la ciudadanía. (O)

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