Resurge la memoria en Mocha

En el corazón de los Andes ecuatorianos, una antigua celebración que durante décadas fue relegada por prejuicios coloniales vuelve a ocupar la plaza, las calles y la memoria colectiva de todo un pueblo. Las Octavas de Mocha, festividad ancestral vinculada al Inti Raymi y al natalicio de San Juan Bautista, resurgen hoy como uno de los procesos culturales y comunitarios más representativos de la provincia de Tungurahua y del Ecuador.
La XIV edición de esta celebración se realizará el domingo 21 de junio de 2026, bajo el liderazgo del Capitán de las Octavas, Enrique Caluña, figura central en la organización y movilización comunitaria de la fiesta. Desde las primeras horas del día, la programación combinará ritualidad religiosa, trabajo colectivo y manifestaciones populares: la jornada iniciará con la misa de los Octaveros en la Iglesia Matriz del cantón, seguida de la bendición de los granos y productos agrícolas que serán utilizados para la elaboración del tradicional Cariucho.
Lo que comenzó en 2013 como una iniciativa de mediación artística y trabajo comunitario entre gestores culturales, cabildos y organizaciones de base, se ha convertido en un poderoso acto de resistencia cultural. Mediante la investigación artística, la recuperación de la memoria oral y la participación colectiva, los habitantes de Mocha han despertado una celebración que durante más de medio siglo fue marginada bajo la etiqueta despectiva de “fiesta de indios”.
Ritualidad y personajes en la plaza
Durante la jornada, el Parque Central se transforma en un espacio ceremonial y performático donde confluyen prácticas ancestrales y celebraciones populares. Allí se realiza la elaboración simbólica de la chacana o altar andino con los productos donados por las comunidades, así como el tradicional levantamiento de los palos encebados, uno de los momentos más esperados de la fiesta.
Más tarde, el desfile de las Octavas recorrerá las calles del cantón con la presencia de curiquingues, osos, diablos, peluqueros, cazadores y los célebres “emputzadores”, personajes que, desde la sátira y la parodia, reinterpretan antiguas relaciones de poder y escenas de la vida cotidiana del Cantón.
La celebración se sostiene gracias a una compleja red de solidaridad comunitaria liderada por la figura del “Capitán”, organizador y prioste de la fiesta. Decenas de familias donan alimentos, trabajo y recursos para preparar el Cariucho, comida ceremonial compartida entre participantes y visitantes. La dimensión del festejo ha crecido de forma notable: de alimentar a unas 450 personas aproximadamente en sus primeras ediciones, hoy congrega a miles de asistentes provenientes de distintas regiones del país.
Uno de los momentos más significativos de esta edición será la ceremonia de cambio de mando del Capitán, acompañada por el ensamble de más de 15 bandas populares en el Parque Central, reafirmando el carácter colectivo y ritual de la celebración.
Un legado en camino al patrimonio
El impacto cultural y social del proceso de Las Octavas de Mocha ha trascendido el ámbito local. A lo largo de los últimos años, la celebración ha sido documentada y difundida por numerosos medios de comunicación provinciales y nacionales, convirtiéndose en referencia dentro de los debates contemporáneos sobre memoria, identidad y patrimonio cultural en el Ecuador.
Asimismo, el proceso ha motivado publicaciones académicas desarrolladas por universidades ecuatorianas y extranjeras, además de investigaciones impulsadas por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador. Su relevancia también ha dado lugar a tesis universitarias y estudios interdisciplinarios enfocados en antropología, arte, gestión cultural y prácticas decoloniales.
Actualmente, colectivos culturales, investigadores y actores comunitarios trabajan en el proceso de reconocimiento de Las Octavas de Mocha como Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador, entendiendo a la fiesta no solo como una tradición popular, sino como un modelo vivo de organización comunitaria, memoria ancestral y resistencia simbólica en el país.
Sin financiamiento estatal ni apoyo institucional sostenido, Las Octavas de San Juan Bautista de Mocha continúan fortaleciéndose desde la autogestión, la solidaridad y la fe. Más que una reconstrucción folclórica, sus organizadores defienden esta celebración como un ejercicio contemporáneo de memoria, identidad y descolonización cultural en el corazón de los Andes ecuatorianos. (I)
