No me preocupa la Inteligencia Artificial (IA)

Columnistas, Opinión

Participé en un conversatorio organizado por el ISTE sobre Inteligencia Artificial;  junto a destacados empresarios, analizamos el  rol estratégico que cumple (o debe cumplir) la academia en la formación del talento que demanda la transformación digital. En este encuentro, el Econ. Galo Mancheno, líder de Sweaden Seguros, resaltó la importancia de las habilidades blandas en este nuevo contexto. Evidentemente, la inteligencia artificial (IA) se ha instalado en nuestra vida cotidiana con una rapidez que pocos anticiparon, y su presencia genera una pregunta inevitable: ¿La IA es amiga o enemiga de la gente?.  Desde mi perspectiva, esta es una discusión menos tecnológica y más humana. La IA no trae un destino impuesto; somos nosotros quienes decidimos si será una aliada que amplifique nuestras capacidades o una amenaza que nos desplace. La diferencia está en cómo reaccionamos frente a ella y, sobre todo, en las habilidades que desarrollamos para convivir con un mundo cada vez más automatizado.

Se suele decir que la IA “quita empleos”, pero lo cierto es que transforma más de lo que destruye. Automatiza tareas repetitivas, analiza datos a velocidades imposibles para un ser humano y sugiere decisiones basadas en patrones complejos. Sin embargo, estas mismas funciones abren espacio para que las personas se concentren en lo que la tecnología no puede hacer: pensar críticamente, crear, imaginar, dar rienda suelta a la lógica. El problema no es que la IA avance, sino que muchas veces no avanzamos con ella. Allí surge el temor de muchos.

Sin duda, en esta era digital que nos ha tocado vivir, las habilidades blandas ya no son un complemento; son una necesidad. La resiliencia, por ejemplo, se convierte en un salvavidas profesional. Quien no esté dispuesto a adaptarse, aprender y reinventarse corre el riesgo de quedar atrapado en el miedo al cambio. Junto a ello, el pensamiento lógico cobra un protagonismo inesperado. Lejos de ser una habilidad propia de programadores, la lógica es hoy una competencia universal. Es la base para entender cómo funcionan los sistemas inteligentes, interpretar los resultados que producen y tomar decisiones coherentes. La IA puede analizar datos, pero no comprender contextos; puede ofrecer opciones, pero no asumir consecuencias; puede predecir, pero no decidir con ética. Por eso, la lógica humana es el puente entre lo que la IA sugiere y lo que realmente necesitamos hacer. En definitiva, la IA no viene a sustituirnos; viene a desafiarnos. Ciertamente la IA no siente, no desea, no compite. Somos nosotros quienes le damos un rol en nuestras vidas;  en este sentido, lo que realmente me preocupa no es la llegada de la inteligencia artificial, sino el declive de la inteligencia emocional, esa poca capacidad de muchos de adaptarse, recuperarse y seguir adelante frente a la adversidad, esa limitada facultad de otros de entender y gestionar sus emociones, así como comprender las emociones de los  demás con empatía y claridad interior. (O)

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