Limpieza cerebral II

La semana pasada insistimos en algo innegociable como es el conocimiento del funcionamiento cerebral y que la única forma de sobrevivir sin conocerlo es vivir de tumbo en tumbo llenos de conflictos, dificultades constantes sin entender qué nos pasa alterándose todo el sistema nervioso y con ello nuestras defensas volviéndonos endebles, alterándose nuestras hormonas y apenas sobreviviendo con envejecimiento mayor a nuestra edad y llenos de enfermedades.
Nos habíamos enfocado en el sueño. Tan solo si desde pequeños nos enseñaran los estrategias y protocolos validados por la neurociencia, transformaríamos radicalmente nuestra calidad de sueño cambiando nuestra salud y calidad de vida. Un poco de filosofía acerca del sueño y qué hace en nuestro maravilloso organismo, seguro que nadie lo irrespetaría. Pero, al contrario, basta saber que entre el 35% y el 45% de la población mundial padece o ha padecido algún tipo de trastorno del sueño y tan solo el 10% de esas personas buscan tratamiento.
Los estudios neurocientíficos son claros y demoledores: 2 horas antes de nuestra hora ideal de sueño, todas las pantallas se apagan, sin excepciones, sin negociaciones. Con la vida que llevamos esto nos parece extremo, necesitamos disciplina de hierro si queremos tener resultados óptimos y buena salud como las personas exitosas y de alto valor. La luz azul que emiten las pantallas digitales son armas de destrucción masiva contra nuestra arquitectura del sueño pues tiene una longitud de onda específica que nuestro cerebro interpreta como luz solar. Cuando nuestros ojos detectan esta luz, envían una señal directa a tu glándula pineal, ordenándole que detenga la producción de melatonina y ésta es la que actúa como una señal de «oscuridad» para el cuerpo, indicando que es hora de dormir al aumentar sus niveles en la sangre al anochecer, facilitando la conciliación del sueño.
Algo muy importante también es saber que el cerebro necesita un cierre oficial del día, un momento donde conscientemente declaramos que la jornada ha terminado y es momento de “vaciarnos”. Este ritual concreto lo debemos implementar todas las noches. Los neurocientíficos lo llaman externalización cognitiva, 30 minutos antes de acostarnos, tomamos una libreta exclusiva para esto y escribimos todas las tareas pendientes que nuestra mente sigue repasando. Esto le dice al cerebro que esas tareas están aseguradas. Otra tarea es escribir tres logros del día por insignificantes que sean, cambia la química de nuestro cerebro de un estado de alerta y defensa a uno de satisfacción y seguridad. La gratitud no es un concepto abstracto espiritual, es una herramienta neuroquímica que reduce el cortisol y aumenta la serotonina. La siguiente tarea es escribir cualquier preocupación o ansiedad que esté circulando en nuestra mente y, junto a cada inquietud, escribimos una acción concreta que tomaremos mañana para enfrentarla transformando la ansiedad paralizante en un plan de acción pues, la incertidumbre es la enemiga del sueño. Esta descarga mental es como vaciar la papelera de reciclaje de nuestra computadora antes de apagarla. Liberamos espacio, reducimos la carga, permitimos que el sistema se reinicie completamente. Los resultados son inmediatos y el despertar será con claridad mental. Seguiremos la próxima semana con este sagrado proceso fisiológico… (O)
