Esculturas que cautivaron en la Casa del Portal 

Carrusel

Ambato en el marco de la edición 75 de la Fiesta de la Fruta y de las Flores acogió a personajes de reconocida trayectoria nacional en el campo cultural y artístico. Alice Trepp estuvo presente y ofreció el encanto de nueve esculturas de tamaño natural en arcilla, reproducidas y coloreadas a mano.

Dentro de las nueve esculturas encontramos a Juana Guarderas en uno de los personajes de “Las Marujitas”. La actriz y gestora cultural acudió a la inauguración de las exposiciones presentadas en el Museo Provincial Casa del Portal. Los visitantes tuvieron la oportunidad de compartir gratos momentos y captar la fotografía del recuerdo.

Pero, conozcamos poco más de Juana Guarderas, “a los diecisiete años ya quería ser actriz, pero veía que mis padres debían sostener el teatro, que no era proyecto rentable, había que subvencionarlo, había que apuntalarlo; lo mantenían por su pasión por el arte. A esa edad quería ser independiente, tenía ímpetu de salvar el mundo, a la vez que la admiración por otras culturales y gusto particular -motivado por mi madre- por otras lenguas. Salí del colegio con certificado de inglés como segunda lengua, fui un verano a Boston y en lugar de un mes terminé quedándome cinco meses”. 

Y sigue, “al regresar ingresé a estudiar francés en la Alianza Francesa y obtuve buen nivel. Mi tía no hablaba otras lenguas, ni inglés, pero le escuchabas imitar la musicalidad de cualquier idioma y lo hacía perfecto, parecía ruso, inglés, francés…cualquier idioma los ‘imitaba’ muy bien”. 

Su vida ha transcurrido también fuera del país, entre estudios e iniciativas teatrales; “me di cuenta de que una ideología, al institucionalizarse, pierde su valor y desperté del idealismo romántico y juvenil de pretender cambiar el mundo. Entonces, intuí que la otra vía para sensibilizar y humanizar a la gente era el arte”. 

“En la universidad mis amigos alababan mis capacidades como estudiante, pero decía: ‘Tu esencia es la actuación’; y, les di la razón. Terminé la carrera viviendo muy cerca del Pentágono, sintiendo una sensación de impotencia y reafirmé la idea de que cambiar el sistema tampoco era muy posible. Concluí que, en Ecuador, desde el arte, desde el teatro, podría tocar a los humanos de alguna manera y regresé a mi país. Al poco tiempo me hice cargo del Patio de Comedias”. (I) 

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