El Enfiestarte

Columnistas, Opinión

Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los procesos culturales y las industrias creativas generaron durante 2025 alrededor de 55 mil millones de dólares en nuestra región. Esto representa un aporte significativo al Producto Interno Bruto de los países que creen en la posibilidad de impulsar políticas públicas orientadas al fortalecimiento de estas nuevas fuentes de empleo, capaces de beneficiar a millones de familias alrededor del mundo.

Aquí, junto a nosotros, el hermano país de Colombia se ha consolidado como uno de los principales referentes de la economía creativa en América Latina. A través del fortalecimiento permanente de los procesos artísticos, culturales y de entretenimiento, ha logrado registrar un crecimiento anual del 9,9 %. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), los conciertos, festivales y espectáculos artísticos profesionales desarrollados durante 2025 se consolidaron como uno de los motores más importantes para el crecimiento económico del país.

Tomando nuevamente a Colombia como ejemplo, ciudades como Bogotá y Medellín se han convertido en epicentros de festivales de talla internacional. Esto responde a una comprensión clara por parte de las autoridades: la cultura activa la economía de todos los sectores. Cuando se desarrolla un espectáculo artístico de calidad, aumenta el consumo de servicios de transporte, hotelería, gastronomía y comercio asociado. En otras palabras, la economía se dinamiza, y los grandes eventos culturales se convierten en piezas fundamentales de un engranaje moderno que impulsa el desarrollo territorial en el siglo XXI.

En Ecuador, el sector cultural experimentó una leve expansión durante 2025, pese a los debates generados por la fusión del Ministerio de Cultura con las carteras de Educación y Deportes. Sin embargo, la actividad cultural registró un crecimiento que pasó del 5,4 % al 7,6 %. En términos generales, la industria cultural ecuatoriana representó aproximadamente el 1,87 % del Producto Interno Bruto, equivalente a cerca de 1.100 millones de dólares.

Estos resultados demuestran que fortalecer procesos culturales sostenibles no es un gasto, sino una inversión estratégica. Durante el último año, la economía creativa aportó más al PIB nacional que sectores tradicionales como la refinación de petróleo o la acuicultura, evidenciando el enorme potencial de una industria que continúa expandiéndose en todo el mundo.

Asimismo, el Estado impulsó al sector mediante una inversión aproximada de 5,3 millones de dólares, entregados a través de 48 convocatorias públicas gestionadas por entidades como el IFCI, el ICCA y el INPC.

En Ambato y en toda la provincia de Tungurahua, la escena cultural independiente se ha caracterizado históricamente por presentar propuestas frescas, innovadoras y altamente competitivas dentro del mercado global de las industrias culturales. Sin embargo, quienes apuestan por producir eventos de calidad suelen enfrentarse a normativas, trámites y procedimientos que muchas veces dificultan el desarrollo de iniciativas capaces de generar empleo, inversión y movimiento económico para cientos de familias.

Quienes organizan espectáculos, festivales y eventos culturales realizan importantes inversiones económicas, asumen riesgos financieros y crean oportunidades para técnicos, artistas, emprendedores, comerciantes, transportistas, hoteleros, diseñadores, comunicadores y trabajadores de múltiples sectores. Por ello, resulta fundamental que las instituciones públicas comprendan que facilitar estos procesos no significa renunciar al control o a la normativa, sino promover condiciones adecuadas para el desarrollo económico y cultural de los territorios.

Un ejemplo de ello es ENFIESTARTE 2026, un festival que nace desde la iniciativa privada independiente, construido con esfuerzo, perseverancia y una profunda convicción en el poder transformador de la cultura. Más allá de ser un evento artístico, ENFIESTARTE representa una plataforma de activación económica que beneficia a decenas de emprendimientos, proveedores, artistas y trabajadores locales, demostrando que la cultura puede convertirse en una herramienta real de desarrollo para nuestras ciudades.

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