Caminata de la Fe 2026 con acogida

La tradicional Caminata de la Fe congregó este año a miles de devotos que recorrieron varios kilómetros con el firme propósito de agradecer favores recibidos o solicitar ayuda espiritual. Entre la multitud, se destaca la presencia de numerosos jóvenes que, impulsados por sus anhelos personales, se suman a esta manifestación de piedad popular que caracteriza a la provincia de Tungurahua.
Katherine Gordon es una de las jóvenes que acude fielmente a esta cita religiosa desde hace varios años, movida por la esperanza de alcanzar sus metas y objetivos personales. Al igual que ella, cientos de ciudadanos de nuevas generaciones ven en este sacrificio físico una oportunidad para fortalecer su espíritu y encomendar sus proyectos futuros a la protección divina en un ambiente de recogimiento.
Sin embargo, la caminata no solo se nutre de peticiones, sino también de promesas cumplidas que se transforman en una tradición de gratitud para familias enteras. Este es el caso de Javier Viteri, quien viajó desde Quevedo para cumplir con un compromiso adquirido hace tres años tras atravesar un momento crítico relacionado con la salud de su esposa.
Viteri manifestó que este es el segundo año consecutivo que realiza el recorrido, cumpliendo con la palabra empeñada ante la virgen luego de que su petición médica fuera escuchada. Para él y su familia, el cansancio del trayecto se ve compensado por la gratitud de contar con bienestar físico, lo que convierte a la caminata en un acto de amor y reconocimiento por el milagro recibido.
El testimonio de este ciudadano refleja el sentimiento de muchos peregrinos que llegan desde distintas provincias del país para acompañar la imagen milagrosa. El compromiso de Viteri es claro: pretende continuar participando en esta romería durante todos los años que le sea posible, como una muestra de fidelidad y devoción inquebrantable que trasciende las fronteras cantonales.
A lo largo del trayecto, las escenas de familias caminando juntas evidencian que la fe es el motor que impulsa este esfuerzo colectivo, donde cada paso representa una oración. Las historias de sanación y superación personal se entrelazan en la vía, demostrando que la caminata es, ante todo, un espacio de encuentro entre la divinidad y las necesidades humanas más profundas.
La jornada se desarrolla en un ambiente de seguridad y orden, permitiendo que los caminantes expresen su religiosidad de manera libre y solidaria entre compañeros de ruta. Esta peregrinación reafirma la identidad católica de la región, consolidándose como uno de los eventos más significativos del calendario litúrgico donde el cansancio físico se transforma en paz interior para los asistentes. (I)
