Visitas sorpresa y responsabilidades ausentes

Columnistas, Opinión

En Ecuador, la crisis del sistema de salud ya no se mide por la falta de médicos, insumos o medicinas, sino por la cantidad de cámaras encendidas durante las visitas “sorpresa”. Esta semana, la vicepresidenta María José Pinto decidió sorprender; no al sistema, sino al personal agotado; con una aparición en un centro de salud que apenas sobrevive con uno o dos médicos atendiendo a centenares de pacientes. El resultado: indignación selectiva, reproches públicos y un nuevo episodio de exposición en redes sociales al servidor público más vulnerable. Antes ya lo hicieron los gobernadores del Guayas y de Los Ríos, confirmando que el libreto está bien ensayado.

Nada nuevo bajo el sol. La escena es conocida: autoridades llegan con comitiva, celulares en alto y gesto áspero; descubren; con asombro teatral, que no hay atención oportuna y proceden a señalar culpables. ¿Los responsables? Médicos, enfermeras y asistentes que trabajan sin insumos, sin descanso y sin refuerzos humanos. Los verdaderos ausentes; políticas públicas eficaces, planificación, presupuesto y decisiones oportunas; nunca salen en el video, ni reciben regaños frente a cámaras.

Resulta curioso que, tras casi un año con el Ministerio de Salud bajo encargo de la Vicepresidencia, la sorpresa siga siendo la norma. ¿De verdad nadie informó que faltan médicos? ¿Que no hay medicamentos? ¿Que la sobrecarga laboral convierte cualquier centro de salud en una sala de espera eterna? Todo el país lo sabe: pacientes, familiares y trabajadores de la salud. Todos, excepto, aparentemente, quienes dirigen la cartera.

La agresión pública, el regaño frente a cámaras y la viralización del “berrinche institucional” no solucionan nada. Exponer en redes sociales a empleados públicos es lo más bajo de la política espectáculo: es fácil humillar al que no tiene micrófono, poder de respuesta ni equipo mediático. Si el objetivo fuera corregir, se haría en privado, con informes, soluciones y seguimiento. Pero si el objetivo es el shock mediático, entonces que continúe el show.

Tal vez ya es hora de cambiar el guion. En lugar de visitas sorpresa, que lleguen con buenas noticias: contratación de personal, abastecimiento real de medicinas, mejora de la infraestructura médica y condiciones laborales dignas. Y, sobre todo, respeto al funcionario público que sostiene el sistema con las uñas, mientras otros gobiernan con discursos y cámaras.

La salud no necesita escándalos ni cortinas de humo. Necesita gestión, responsabilidad y menos actuación. Porque gobernar no es sorprender: es resolver.

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