Vemos lo que queremos ver / Mario Fernando Barona

Columnistas, Opinión



En algún momento de la famosa Noche Amarilla el pasado sábado, en la que el club Barcelona de Guayaquil debutó en la previa al inicio de la Liga Pro, la cámara del estadio enfocó en primer plano a una pareja de hinchas sentados en las gradas del coloso en el momento mismo en el que él la abrazaba y se demostraban cariño con un beso. La imagen se difundía en la pantalla gigante del estadio y en televisión para todo el país, tal cual suele ocurrir en el famoso Super Bowl y en encuentros de varias disciplinas deportivas en los Estados Unidos.

La mayoría de veces, cuando la pareja se percata que han sido pillados por la cámara, saludan, se ríen y hasta vuelven a besarse. Pero en este caso, una vez que él vuelve la mirada al frente y se da cuenta que son los únicos y más grandes protagonistas de la noche, la desazón del chico fue por demás evidente al punto de retirarle inmediatamente el brazo a su compañera y con gesto compungido, confundido y asustado dejaba entrever que había “metido la pata”.

Tardaron pocos minutos para que el video se viralice en las redes sociales. El Ecuador entero comentó muchísimo más en torno a este hecho antes que al partido de futbol. La noche amarilla se transformó así en un correo de brujas en el que el principal mensaje -aunque no el único- era la supuesta infidelidad de este hombre casado. Textos y memes en tono jocoso y burlón inundaron las redes, siempre con ese único mensaje: la infidelidad del chico.

Y puede que así sea, porque efectivamente eso es lo que aparentaba; pero, se ha puesto a pensar en que tal vez la infiel era ella; o, de pronto, que no había infidelidad de ninguno y la reacción del muchacho era sólo de sorpresa y malestar por violentar su intimidad; o incluso, lo que ahora está de moda, ser “amigos con derechos”. Es decir, vemos lo que queremos ver.

En política es igual. Si a un político lo hemos etiquetado como corrupto, lo será para alguno de nosotros así no haya pruebas en su contra; o por el contrario, aún habiendo pruebas contundentes, irrefutables y decidoras de corrupción, alguien por ahí seguirá defendiendo la honestidad de su líder a capa y espada. Es decir, todo es cuestión de percepción personal. Vemos lo que queremos ver, ya sea en el estadio, en la política o en la vida diaria. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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