Una perspectiva diferente sobre la internet / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión



Hace unos días atrás el diario El País de España publicó una entrevista al joven filósofo alemán Markus Gabriel, uno de los máximos representantes del llamado Nuevo Realismo que se interesa en la dimensión filosófica del día a día y en el cual a los pensadores no les basta diagnosticar el mundo que nos rodea, sino que buscan cambiarlo.

De ahí que nos dirá que “como filósofos no tenemos que diagnosticar, tenemos que reparar”. Es así que en su último libro titulado “El sentido del Pensamiento” él alerta de que estamos inmersos en una crisis que requiere de una reflexión filosófica y aún más de una filosofía de valores humanos universales.

Una expresión de dicha crisis es el hecho de que la gente duda de los medios de comunicación, tanto como de sus representantes políticos que llegan a través del voto popular, lo cual lleva a que sea muy difícil conocer cómo son las cosas en realidad por lo que se entendería que la verdad es algo muy lejano para el hombre común y corriente.

“Es una crisis de representación” que constituye un auténtico dilema, pues según este personaje asistimos a un nuevo tipo de propaganda que trata de convencernos de que no sabemos lo que sabemos y son más que todo “intentos de manipular a la gente para que crean que no saben lo que saben”.

A ello se agrega la inmensa cantidad de datos que se encuentran en la infoesfera, que junto a la inteligencia artificial y todo el desarrollo tecnológico, conforman un nuevo escenario social que demanda de una filosofía de la era digital.

Markus Gabriel considera que hay mucho de mito y marketing tras la idea de que nos encaminamos hacia un mondo automatizado, en el cual las máquinas inteligentes funcionarán de manera absolutamente autónoma. Pero es bueno recordar que detrás de ellas estarán siempre seres humanos.

Por tal motivo, “la inteligencia artificial es una ilusión. No existe ni existirá” pues estrictamente se trata de un software creado por humanos y utilizado por humanos. El punto es que esa utilización no es nada santa en un alto porcentaje, pues la huella que deja cada persona al usar por ejemplo Google o Facebook genera un rastro característico de su comportamiento.

Dicho comportamiento es registrado en algoritmos que permiten anticipar sus preferencias, lo cual constituye una verdadera mina de oro para las empresas que ofrecen diversos productos ya sea dentro de la red o fuera de ella. Por esta razón este joven filósofo habla de que hemos pasado a formar parte de lo que él llama “proletariado digital”, al cual se busca controlar mediante las nuevas tecnologías de la información.

Ante ello, propone una “revolución digital” que recupere para la gente el control de sus propias decisiones y arrebatar de las manos de quienes manejan esta enorme maquinaria de explotación. Nos dice que están ahí “para hacerte adicto”, por eso hace falta provocar una emancipación filosófica. (O)

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