Un siglo de tesoros naturales

En el corazón de la urbe ambateña, un espacio custodia la memoria natural y científica del país desde hace más de un siglo. Lo que nació en 1921 como un laboratorio adjunto para las clases de ciencias naturales de los estudiantes del Colegio Bolívar, hoy es el Museo de Ciencias Héctor Vásquez Salazar, la institución en su temática más grande del Ecuador.
El museo, ubicado en la Unidad Educativa Bolívar, centro de Ambato, alberga una colección impresionante que supera las 7.000 especies naturalizadas bajo la técnica de la taxidermia, además de invaluables secciones de petrografía, mineralogía, entomología, arqueología y numismática. Sus puertas están abiertas de lunes a viernes, de 8:00 a 16:00 horas, ofreciendo un viaje fascinante en el tiempo y la evolución.
El rescate de un gigante
Entre los miles de atractivos, el favorito indiscutible de los visitantes es un imponente elefante. Su historia en la ciudad comenzó en febrero de 1995, durante las Fiestas de Ambato, cuando arribó el circo mexicano de los Hermanos Fuentes Gasca. Lamentablemente, el imponente animal falleció durante su estadía.
Los propietarios del circo arrojaron el cuerpo del elefante en el botadero de basura de Chachoán. Al enterarse, el personal del museo y del colegio, con ayuda del camal municipal, acudieron al rescate de la piel.
La hazaña no fue menor: la pura piel pesaba alrededor de una tonelada. Para poder exhibirlo, se construyó un armazón metálico reforzado en su interior que sostiene la estructura, la cual se encuentra rellena en su mayor parte con costales.
El misterio que suena a campana
Otro de los grandes imanes del museo es un auténtico meteorito, hallado en 1970 en el sector de Píllaro por el señor Revelo, un maquinista del Consejo Provincial que abría una carretera hacia Ambato. El roce de la maquinaria con la pieza produjo un sonido peculiar que despertó la curiosidad de los trabajadores.
Estudios posteriores confirmaron su origen cósmico. A diferencia de las rocas volcánicas del volcán Tungurahua que también se exhiben en el lugar, este meteorito tiene una composición hecha en su mayor parte de hierro.
Al ser golpeado con un objeto metálico, como una simple moneda, sorprende a los entusiastas emitiendo un claro y nítido sonido similar al de una campana. (I)
