Sobre saqueos al arte ecuatoriano. 1950

Columnistas, Opinión

“A decir verdad, dice el Dr. Navarro, en su libro “Escultura en el Ecuador – 1929 – las obras de arte quiteño de la época colonial no se hallan esparcidas solamente en América, pues a Europa emigraron en todo tiempo, muy especialmente en el siglo XIX, en cantidades enormes. Diga Alcides D´ Orbigny, el conocido viajero francés, que después de los saqueos artísticos que realizó a mediados de este siglo (XX) en Quito, confesó que ya nada importante había dejado allí para nuevos curiosos y coleccionistas de arte americano que le sucediesen, y, sin embargo, las depredaciones escandalosas de estos últimos años en esa materia, que procuraban colecciones importantes de objetos de arte quiteño, obligaron al Gobierno del Ecuador, a dar la severa ley que hoy defiende la integridad de su tesoro artístico.”

La cita la he tomado de Pío Jaramillo Alvarado, en su libro Los Profetas de Goríbar, CCE, Quito, 1950, p. 22. Se nota que el alma artística de nuestro pueblo ha sido inconmensurable. Nos queda apenas un pálido recuerdo y testimonio en las iglesias quiteñas y de pocas localidades, tanto en pintura como en escultura. Ni se diga en el arte de la orfebrería. Jorge Juan y Antonio de Ulloa, esos académicos que escribieron notas curiosamente profundas de nuestra realidad, hablan de que las obras del arte quiteño fueron vistas por el mundo con admiración.

Nota importante es saber que cuando ocurrió la expulsión de los jesuitas (1767) “Fueron saqueados los Conventos de Quito, de cuantas obras de arte se hallaban a mano, y los enviados de Carlos III, se contentaron con solo dejar en la sacristía de la iglesia de la Compañía en Quito, un dibujo de la rica custodia de oro y esmeraldas, que la enviaron a la Capilla Real del Escorial, y en la Biblioteca del Convento, una lista de cuadros y otras obras que se llevaron”.

Jaramillo dice que hasta el dibujo de la custodia y la lista de los cuadros está perdida. Sin embargo, cuántas cosas puedo argumentar sobre mi experiencia cono Director del Inventario de Patrimonio cultural del Centro del País en 2009, después del doloroso robo de la Custodia de Riobamba. Recorrí con mis colaboradores los rincones más inesperados,  para constatar lo que estaba oculto, lo que estaba abandonado, lo que estaba en peligro, lo que se había saqueado, lo que estaba abandonado o se había huaqueado en arqueología, en bienes arquitectónicos, en bienes museables, en documentos  y hasta en los llamados bienes inmateriales o intangibles. Recorrimos las provincias de Bolívar, Chimborazo, Tungurahua y Pastaza en medio de un huracán de contradicciones con los directivos nacionales de Patrimonio y el rector de la UTA Luis Amoroso que tenía llaves para las travas de cara a unos 200 investigadores nacionales y hasta extranjeros impagos. Pero esta es otra historia.

Volviendo al dolor con que escribe Pío Jaramillo: “El mero hecho de que en el transcurso de ocho años de 1779 a 1787, se hubiesen exportado, solo por el puerto de Guayaquil, 264 cajones de cuadros y estatuas, y el de que ese negocio se hubiese conservado durante mucho tiempo, aún en la época republicana, como es fácil comprobarlo con los datos de las estadísticas aduanera y el testimonio personal de mucha gente, alcanzan a demostrar la fama de la antigua Escuela Quiteña de pintura y escultura, cuyas obras existen diseminadas en toda América Española”. Y como las obras de los grandes pintores tenían que ser las preferidas para la exportación, la existencia de estos cuadros en los conventos y galerías de Arte del Estado y los particulares, es relativamente limitada.”(p. 23). ¿Qué opinan estimados lectores de la condición del alma de los saqueadores?. (O)

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