Resiliencia en niños

Conviene empezar a definir este termino. ¿Qué es? En psicología del desarrollo, la resiliencia no significa aguantar sin quejarse ni ser fuerte siempre. La resiliencia refiere a la capacidad para adaptarse positivamente frente a una situación adversa, es decir, el niño puede atravesar momentos difíciles, pero tiene la capacidad de reordenar su mundo interno y seguir adelante.
Esta definición es básica porque, en la sociedad actual se cree que la resiliencia es algo innato. Pero no es así, se construye en la interacción con el entorno. El factor protector más consistente es la presencia de al menos un vínculo estable con un adulto significativo: un padre, un docente, un abuelo. No se requiere ser un héroe, solo presencia constante.
En la práctica clínica, he visto niños que después de una dificultad, vuelven a intentarlo de otra manera. No son niños excepcionales. Son niños que han aprendido que equivocarse no resulta catastrófico, que pueden pedir ayuda y que sus emociones son tomadas en cuenta. La resiliencia comienza a aparecer cuando un adulto valida el malestar sin apresurarse a resolver el problema, ya que resolverlo, aunque nace de la empatía, termina por restar oportunidades de aprendizaje.
A esto de denomina «magia ordinaria», es decir, que no se requieren intervenciones sofisticadas. Funcionan mejor las rutinas predecibles, oportunidades para resolver pequeños conflictos y un entorno que no castigue el error. Todo ello se puede enseñar, pero no mediante discursos motivacionales si no, con acción en la cotidianidad y con el ejemplo.
En definitiva, la resiliencia infantil no depende de programas especiales ni de frases de autoayuda. Depende de prácticas cotidianas en casa y en la escuela. Un niño resiliente es aquel que, después de una “caída”, continúa porque alguien le mostró que era posible. (O)
Del Caos a la Magia Centro de Psicología y Consciencia
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