Reparación integral / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión

El pasado 8 de julio inició el proceso de reparación integral con Odebrecht por la trama de sobornos en el Ecuador. La constructora brasileña fue expulsada del país, tras la denuncia de fallas en la construcción de la hidroeléctrica San Francisco; pero en el 2011, alcanzó el perdón y nuevas adjudicaciones.

La historia nacional reciente cuenta que el expresidente Correa, embriagado de populismo, a pocos días de la consulta popular del 2008, pretendió descubrir el agua tibia: “Mientras más escarbo más pus encuentro. Estos señores han sido corruptos y corruptores, han tenido comprado a funcionarios del Estado». Con esta revelación, emitió un decreto para suspender unilateralmente los contratos de San Francisco, Toachi–Pilatón, Carrizal-Chone, Baba y el aeropuerto del Tena.

La noticia no tardó en llegar a Brazil. Lula Da Silva, intercedió en favor de Odebrecht hasta alcanzar un Convenio de Transacción, firmado el 8 de julio de 2010. En el acuerdo, la compañía prometió entregar 20 millones de dólares, mientras tanto, el Ecuador debía abandonar los procesos legales.

El retorno de Odebrecht al país se materializó durante la declaratoria de emergencia de la hidroeléctrica de Pisayambo. En octubre de 2011, sin licitación, Hidroagoyán adjudicó un contrato de USD 18 millones para la reparación de esta central. Pocos meses después, se adjudicó la construcción de la central hidroeléctrica Manduriacu, algunos tramos de la Ruta Viva en Quito y el movimiento de tierras en la Refinería del Pacífico, convertida después en aeropuerto para el narcotráfico. Todos los contratos tuvieron un precio inicial, que en ningún caso coincidió con el costo final.

La pretendida reparación integral hasta la fecha cuenta con reuniones realizadas el 10 y el 24 de julio. La propia Secretarían Anticorrupción emitió un boletín de prensa para informar que trabaja en una metodología para conseguir un pago justo por los daños, materiales e inmateriales, que hasta hoy sufre el país.

Oderbrecht, luego de las denuncias y escándalos que ha terminado con la carrera de muchos políticos en varios países, no tiene otro camino, la reparación es inevitable. Sin embargo, dados los antecedentes, esto no significa otorgar facilidades para nuevos contratos sin control y mucho menos, para que la compañía vuelva a sus “andanzas”. La historia del 2008 no puede repetirse. (O)

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