Primera impresión / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión



Cuando se estrenan instituciones es necesario hacer hincapié en la importancia de las primeras prácticas, porque formarán parte de la posterior interpretación sobre su funcionamiento. Siempre es posible renovar la imagen personal o institucional, pero también es verdad que, “para la primera impresión, no hay segunda oportunidad”.

La administración municipal de Ambato está cumpliendo seis meses de gestión. Después de este período relativamente corto, el pasado 24 de octubre, se provocó una crisis departamental, con la renuncia obligada de todos los funcionarios de confianza de la primera autoridad. La finalidad, según se explicó públicamente, fue evaluar, refrescar ideas y proyectar acciones para lo que resta del período: “todos quienes continúen y quienes no en nuestra administración merecen todo mi respeto y consideración, en lo personal y profesional”. Con esta afirmación, quedó cerrado el episodio, sin descartar una nueva revisión a fin de año.

Uno de los desafíos actuales, no sólo a escala local, es la falta de fe en las instituciones, cuya progresiva desconfianza crece cada día. La gobernabilidad dentro de regímenes democráticos está opuesta a la ingobernabilidad de las dictaduras. Esto resulta bastante obvio. Sin embargo, existe un fenómeno actual que podría llamarse ingobernabilidad democrática. Esto significa, incapacidad institucional de ofrecer respuestas oportunas y adecuadas a las demandas de la población. Este problema obedece a dos causas: sobrecarga de demandas sociales e incapacidad para atenderlas con eficacia. Esta pérdida de control es el resultante de las ofertas de campaña y la imposibilidad del sistema político de llevarlas a cabo.

En este escenario, la solución podría manejarse en dos frentes. Primero, reduciendo las demandas sociales, vale decir, que los ciudadanos tengan expectativas que sean realizables. Cosa que difícilmente provocaría la simpatía de los votantes. Segundo, buscando la forma de cumplir las promesas dentro de los plazos señalados. Lo cual, también resulta difícil, sobre todo cuando las ofertas superan lo realizable.

Estamos inmersos en un proceso que apenas inicia. Aun así, muchos exigen obras inmediatas y muestran inconformidad. Gobernar en democracia no es fácil. Las expectativas nunca dejarán de ser altas y la capacidad de respuesta debería estar a la misma altura. Los nuevos funcionarios, junto con los ratificados, deberán actuar en este escenario y mejorar la imagen de la gestión institucional. (O)

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