Mientras rueda el balón

Columnistas, Opinión

Millones de personas siguen los partidos del mundial recién inaugurado, analizan resultados, hacen apuestas electrónicas y celebran goles. El fútbol vuelve a demostrar su capacidad para captar la atención del planeta. Sin embargo, lejos de los estadios, la realidad no admite pausas.

Las tribunas vibran, pero la guerra en Ucrania continúa cobrando vidas. En Medio Oriente, los bombardeos marcan la vida cotidiana. Irán e Israel han vuelto a intercambiar ataques, pese a los intentos de alto al fuego. El estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio mundial de energía, está cerrado nuevamente. A ello se suman las advertencias de Donald Trump sobre posibles acciones contra Irán. En México, las protestas mantienen agitado el escenario político. La única sede que está en calma es Canadá.

El Ecuador tampoco queda suspendido por efecto del fútbol. En los últimos días, una conocida activista fue asesinada en Santa Elena. La violencia continúa cobrando víctimas y las masacras no cesan. Los hospitales públicos enfrentan el problema recurrente de la falta de medicamentos. Diana Atamaint deja la presidencia del Consejo Nacional Electoral en medio de cuestionamientos. Los combustibles vuelven a subir de precio. El alcalde de Cuenca fue sancionado y no podrá participar en la próxima elección, y Aquiles Álvarez continúa privado de libertad. 

En Ambato, mientras se pintan los muros de las calles con los colores de la bandera de Quito, el conflicto por el incremento de los pasajes urbanos permanece sin solución, después de que el Concejo Municipal no respaldara la propuesta presentada por la alcaldesa para evitar la racionalización del servicio de transporte. La pelota rueda, pero la realidad también.

Este domingo jugará Ecuador. Hubo una época en que la selección lograba algo extraordinario: hacer que el país se sintiera parte de una misma historia. El escritor ambateño Enrique Adoum decía que solo tres acontecimientos eran capaces de unir a los ecuatorianos: la guerra con el Perú, la caída de un presidente y los partidos de la selección. Lo primero pertenece al pasado. Lo segundo no debería ser motivo de orgullo. Y lo tercero parece haber perdido parte de su fuerza.

Quizá el fútbol sea uno de los pocos espacios donde todavía podemos encontrarnos, aunque por noventa minutos. Pero ni siquiera eso parece seguro. Entre crisis y divisiones, el desafío más difícil no es ganar un partido. Es volver a reconocernos como país. (O)

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