Mejora continua 

Columnistas, Opinión

En medio de este caos de la modernidad, donde la mayoría de los jóvenes de estas últimas generaciones reflejan vacío existencial, ansiedad, depresión, naufragio en la búsqueda de sus propósitos, miedo al futuro, irritabilidad, baja tolerancia a la frustración, nerviosismo, indecisión, autoestima baja  y más, resulta urgente poner atención a los poderosos hábitos que guían a los orientales y que debemos replicarlos para reencontrarnos con la normalidad y la armonía de vida que tanto nos hace falta. 

¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué Japón tiene una de las esperanzas de vida más altas del mundo? ¿Por qué sus ciudades brillan con limpieza impecable? ¿Por qué tantas personas parecen moverse con calma y los trenes llegan exactos a tiempo? Esto hace que nos preguntemos: ¿Por qué no somos así? No es cuestión de genética o de suerte, ni de magia ancestral o algún secreto oculto. Son pequeños hábitos que no requieren de una fuerza de voluntad heroica para transformar nuestras vidas de la noche a la mañana si no de algo mucho más valioso… consistencia silenciosa, no es una transformación dramática que dure poco, es un cambio profundo y duradero que se acumula con los años y se convierte en nuestra identidad, acciones pequeñas que, si practicamos de manera consistente insertándolas en la vida diaria, cambiará nuestra mente, nuestro cuerpo y la relación con el mundo.  Es hora de compartir e ir desgranando uno por uno estos hábitos.

El primer hábito se llama Kaizen (改善) compuesto de Kai (), que significa «cambio», y Zen (), que significa «bueno» o «mejor» que sería algo como «mejora continua» pero es algo mucho más profundo. Cuando decidimos cambiar nuestra vida drásticamente, por ejemplo: «Mañana me levantaré a las 5:00 a. m., iré al gimnasio tres horas y eliminaré el arroz, las grasas y los dulces» nuestra amígdala cerebral (timbre de pánico) se activa. El cerebro interpreta ese cambio masivo como una amenaza y genera resistencia, ansiedad y pereza para protegernos de lo desconocido. Es ahí es donde el Kaizen hace su magia biológica haciendo exactamente lo opuesto. Inicialmente baja el radar del miedo, propone un cambio minúsculo. Por ejemplo, «Hoy solo voy a ponerme las zapatillas de correr 5 minutos», la amígdala permanece dormida. El cambio es tan insignificante que el cerebro no lo detecta como una amenaza. El Kaizen economiza la Dopamina (el neurotransmisor de la motivación y la anticipación del placer).: El cerebro adora las victorias. Cuando completamos esa pequeña tarea de 5 minutos, el sistema de recompensa libera una pequeña dosis de dopamina diciéndole a nuestro cerebro: «Oye, esto se sintió bien, hagámoslo otra vez». El Kaizen estimula Mielinización y Neuroplasticidad: Cada vez que repetimos esa pequeña acción, las neuronas involucradas disparan juntas. Con el tiempo, hace que las señales eléctricas viajen más rápido. El micro hábito se vuelve automático. No esculpimos nuestro cerebro con un combo, lo haces con una fina lija, grano a grano. Se trata de hacer mejoras tan pequeñas que son casi invisibles. 1% mejor cada día. Eso es todo. Nada más y nada menos. ¿Queremos leer más? No nos obliguemos a leer durante una hora, leamos una página que no es nada…pero luego nos engancha la lectura. La belleza del Kaisen es que desarma completamente nuestra resistencia interna. (O)

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