Más opciones no es mejor

Columnistas, Opinión

Como adultos solemos pensar que ofrecer muchas opciones fomenta la autonomía infantil. Sin embargo, la evidencia en psicología del desarrollo indica que, especialmente en la primera infancia, un exceso de alternativas puede generar indecisión, frustración y mayor dificultad para autorregularse.

La capacidad para tomar decisiones depende de funciones ejecutivas como el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva, habilidades que aún están en desarrollo durante la niñez. Por ello, cuando un niño debe elegir entre muchas opciones, su cerebro necesita procesar más información de la que puede manejar con facilidad.

Diversas investigaciones respaldan esta idea. El psicólogo Barry Schwartz describió el fenómeno conocido como la «paradoja de la elección»: aunque tener opciones es positivo, un exceso de ellas puede aumentar la ansiedad y dificultar la toma de decisiones. Aunque sus estudios se realizaron principalmente con adultos, este principio resulta especialmente relevante en niños, quienes cuentan con menores recursos cognitivos para decidir.

Además, investigaciones sobre funciones ejecutivas dirigidas por Adele Diamond muestran que los niños pequeños se benefician de entornos estructurados y con demandas cognitivas ajustadas a su edad. Reducir las opciones disminuye la carga mental y facilita la autorregulación.

Esto no significa decidir todo por ellos. La clave está en ofrecer elecciones limitadas y apropiadas. Por ejemplo, en lugar de preguntar: «¿Qué quieres de postre?», es preferible decir: «¿Quieres helado de vainilla o prefieres no comer helado?». De esta manera, el niño ejerce su capacidad de decisión, pero dentro de un marco claro y manejable.

Lo mismo puede aplicarse en la vida cotidiana: «¿Prefieres la camiseta azul o la roja?», «¿Quieres bañarte ahora o en cinco minutos?», «¿Quieres leer un cuento o colorear antes de dormir?». Dos opciones suelen ser suficientes para promover la autonomía sin generar sobrecarga.

En resumen, poner límites también significa organizar las decisiones. Cuando los adultos reducen el número de opciones, ayudan a los niños a tomar decisiones con mayor seguridad, disminuyen conflictos innecesarios y favorecen el desarrollo gradual de su autonomía. A medida que crecen y maduran sus funciones ejecutivas, las alternativas pueden ampliarse progresivamente. (O)

Tamayodomenica5@gmail.com

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