Manuela / Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

            Don Carlos Álvarez Saá la considera como “Figura cimera de la nacionalidad ecuatoriana”.

            Según uno de sus principales biógrafos, el Dr. Galo René Pérez, Manuela Sáenz y Aizpuru “debió haber nacido en diciembre de 1795. Lamentablemente no hay rastro de la fe bautismal ni de ningún documento que lo atestigüe, ni en archivos familiares, ni en las iglesias de Quito o pueblos circunvecinos”.

            En este año, ya se respiraba, aunque todavía lejano, el aroma de la insurrección independentista.

            Su padre Simón Sáenz, español y Regidor de Quito, y su madre doña Joaquina Aizpuru, quiteña, de 29 años de edad, soltera y de situación económica acomodada, quien fallece a los pocos días de su alumbramiento.

            Simón Sáenz se ve obligado encargar a la niña en uno de los conventos de Quito. Bajo la rompiente claridad de una madrugada, la pequeña Manuela echada en los brazos de una monja de buena voluntad del Monasterio de la Concepción.

            Con este signo de abandono y soledad comenzó la vida de valentía y patriotismo de Manuelita Sáenz, heroína reclamada por el infortunio, la gloria y la ingratitud.

            Hacia 1813, Manuela iba camino de cumplir sus dieciocho años. Había completado sus obligaciones estudiantiles en el monasterio de las Conceptas.

            Poco tiempo después, doña Juana Campo Larrahondo, esposa de Simón Sáenz, mujer inteligente, justa y de buenos sentimientos se hace cargo de Manuelita, proporcionándole cariño, afecto; por eso la llamará siempre “mamá” a su madrastra a quien estará unida, no sólo por un cariño filial, sino también por sus ideas políticas, puesto que doña Juana tiene ideas revolucionarias y patriotas. Asiste con ella a reuniones secretas con los patriotas, para complotar en contra de la opresión impuesta por la monarquía española.

            Entre tanto, se dedica al estudio de letras, llega de esta manera a tener una amplia cultura, no común en aquella época. Estudia a los clásicos griegos y latinos de quienes se nutre intelectualmente.

            Su espíritu independentista, patriótico hace que se presente como voluntaria para tomar parte en la batalla de Pichincha, pero no se le permite.

            Sin embargo, manda una recua de cinco mulas con provisiones para el batallón “Paya”; y, junto a sus servidoras negras Jonatás y Natán, logra llegar al lugar de la batalla y participa en ella.

Curando a los heridos y calmando sus dolencias con agua de amapola y bálsamo del Perú.

            Posteriormente y ya junto al libertador Bolívar participa en las batallas de Junín y Ayacucho, con el Rango militar de Húsar, siendo, por su valentía y capacidad ascendida a “Capitán de Húsares” y, posteriormente, por pedido del Mariscal Antonio José de Sucre asciende al grado de “Coronela del Ejército”.

            En 1826, empieza a brotar el descontento en los países libertados por Bolívar, produciéndose, incluso, varios atentados en contra de su vida, de los cual se acusa a Santander.

            El 17 de diciembre de 1830 muere el Libertador. Mientras tanto Manuela es desterrada por Vicente Rocafuerte a Paita (Perú) en donde fallece el 23 de noviembre de 1856 en medio de la pobreza y la soledad. (O)

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