Mandato Equivocado / Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Que mande a los peces del mar y a las aves del cielo, a las bestias, a las fieras salvajes y a los reptiles que se arrastran por el suelo”. Génesis 1.26.

Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla. Manden a los peces del mar y a las aves del cielo y a cuento animal viva en la tierra”. Génesis 1.28.    

El antiguo mandato de que el hombre debería multiplicarse y dominar la Tierra y que la poblara, muchas veces parece haber sido interpretado como una especie de mandato no sólo de sobre poblarla, sino de alterarla a voluntad, arriesgando así la destrucción de todos sus elementos, en vez de interpretarlo como una herencia que el hombre recibía de los recursos de la Tierra, confiando en que supiera usarlos sensatamente y con un sentido de futuro.

Y como agravante, el hombre obtuvo la habilidad para efectuar cambios drásticos en los procesos básicos de la naturaleza, provocando profundas alteraciones en los principales componentes de los ecosistemas, para estructurar los cuales la naturaleza necesitó miles de años, basada en interacciones complicadas y continuas, del agua, del aire, del suelo, de la luz solar e innumerables especies vegetales y animales. Nadie es independiente de los demás.

            Lamentablemente este sistema de vida, único en el Universo, se encuentra en dificultades, incluso, quizás en peligro, la causa de la acción irresponsable de una de las especies, llamada hombre, irónicamente, la única que se supone que tiene inteligencia.

            Todos nosotros conocemos los “tres cincos” vitales: el hombre puede vivir cinco semanas sin alimentos, cinco días sin agua, cinco minutos sin aire. A pesar de ello, contaminamos seriamente el agua, el aire y el suelo de nuestro ecosistema y de esta manera estamos reduciendo su capacidad para producir alimentos sanos.

Parece que en los últimos tiempos se está empezando a reconocer la situación, y hoy en día, en casi todo el mundo se escuchan voces de protesta por parte de los “movimientos verdes”. Incluso se han celebrado conferencias mundiales con este tema convocadas por la Naciones Unidas. Pero, en el fondo, no producen resultados positivos. Es más, los países llamados del “primer mundo”, se niegan a suscribir los convenios, a pesar de que ellos son los que más contaminan el medio ambiente.

            La situación ambiental es seria, se insiste, pero no se hace nada.

            Por lo menos se debería realizar campañas de concientización en escuelas y colegios, ya que los más afectados, sin duda, son los niños y los jóvenes; y en la parte práctica actividades de reforestación, forestación, reciclaje, tratamiento adecuado de los desechos sólidos y, sobre todo, difundir en los hogares y en la comunidad, el grave peligro que significa la destrucción del medio ambiente.

            Recordemos: “Hay que manejar la naturaleza no como algo que hemos tomado heredado de nuestros padres, sino como algo que hemos tomado prestado de nuestros hijos”. (O)              

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