Los orígenes históricos del carnaval /Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión



En general encontramos versiones diversas sobre el origen y significado del Carnaval. De hecho, la etimología de esta palabra parece proceder de “Carrus Navalis”, una fiesta popular derivada de las saturnales en la antigua Roma.

Se habla de que dichas celebraciones tuvieron un carácter religioso en sus remotos inicios, cuando se celebraba el año nuevo con la entrada de la primavera, sirviendo de símbolo del renacer continuo de la naturaleza. Febrero era en Roma un periodo de pasaje entre el año viejo y el nacimiento del nuevo, periodo de caos en el cual todo se mezclaba.

Se conoce que en Grecia como en Roma se incluían procesiones en las que se paseaba un barco con ruedas. En ese barco iban grupos enmascarados que bailaban y cantaban cuya costumbre se conserva aún hoy en nuestros desfiles al ver pasar a “carros navales”.

También hay quienes dicen que esta palabra se deriva de la expresión latina “Carne-vale”, que viene a significar “adiós a la carne”, es decir una despedida a los placeres, por tal motivo en estas fechas la gente trataba de no privarse de placer alguno y satisfaciendo los sentidos del cuerpo.

Algunos historiadores ponen los orígenes de esta fiesta en las antiguas civilizaciones de Egipto y Sumeria, es decir hace 5.000 años, pues celebraciones de estas características se basaban en la veneración de algunas divinidades. Solían durar unos 3 días, su gente se disfrazaba y era permitido casi todo, hacer bromas, dar sustos, etc.

De cualquier manera, estas fiestas siempre estuvieron relacionadas con lo religioso y de ahí que el cristianismo las adoptara como celebraciones previas al periodo de Cuaresma y privados de cualquier placer humano.

Al carnaval se lo relaciona también con los ritmos del tiempo, con la percepción cualitativa del mismo, en el que los momentos de alegría y tristeza se alternan cronológicamente, según sea tiempo de prohibiciones o tolerancias. Así se descubre además su significación social y psicológica, al cumplir una función equilibradora en todos los aspectos.

En cuanto a la forma de celebrarlos, todos los carnavales coinciden en la proliferación de los disfraces; y luego, en cada lugar se especializan en formas distintas de sacarle partido a la libertad y a la licencia consensuada de toda la sociedad para estas celebraciones.

De ahí que exista tanta variedad carnavalera y que cada ciudad como la nuestra, se distinga por un estilo y ritos distintos, atrayendo el interés de un cada vez más abundante turismo carnavalero.

Una curiosidad histórica son las carreras de caballos en los carnavales de la antigua Roma, las cuales guardaban un gran simbolismo donde el anfiteatro representaba la Tierra; las doce puertas de los establos eran las doce constelaciones, las siete vueltas de pista, la órbita de los siete planetas.

Además, se destacan las festividades “lupercalias”, cuyo número central era correr desenfrenadamente por las calles y sus sacerdotes saltaban ritualmente el primer día de marzo para propiciar al dios de la guerra. (O)

Deja un comentario