Limpieza cerebral I

La única forma de sobrevivir sin conocer cómo funciona nuestro maravilloso cerebro es lleno de conflictos, consecuentemente con todo el sistema nervioso alterado como resultante con nuestras defensas incompetentes y endebles y como resultante de esto apenas sobrevivir con envejecimiento mayor a nuestra edad y llenos de enfermedades.
Creemos que el sueño no merece respeto y que es un simple fenómeno que sucede y ya, en vez de aprovecharlo lo saboteamos. Ante una probable decisión decimos: “mañana te digo que decidí, esta noche converso con mi almohada” como que fuera un arete decimos: “se me ha perdido el sueño” como que fuera un animal ingrato decimos: “se me ha ido el sueño” como que fuera una tijera decimos: “se me cortó el sueño” y así sucesivamente.
Lo tomamos como un simple paréntesis, un apagón necesario antes de volver a la batalla, pero la verdad es que es una restauración extraordinaria. Hay millones de personas acostándose sin saber que están desperdiciando las 8 horas más poderosas de su día.
Nuestro cerebro no descansa mientras dormimos. En realidad, trabaja más duro que nunca, reorganizando recuerdos, consolidando aprendizajes, sanando nuestro cuerpo y literalmente limpiando las toxinas acumuladas del día.
Existe una enorme diferencia entre dormir y dormir bien, entre activar el mecanismo de transformación más potente que poseemos y el solo cerrar los ojos y esperar que el sueño venga. Tan solo si desde pequeños nos enseñaran los protocolos validados por la neurociencia, las estrategias que transforman radicalmente nuestra calidad de sueño podríamos cambiar nuestra calidad de tu vida.
Esas pantallas que estamos mirando antes de dormir, ese teléfono que revisamos solo un momento más, esa serie que vemos hasta la madrugada no son inofensivos, son armas de destrucción masiva contra nuestra arquitectura del sueño. La luz azul que emiten las pantallas digitales tiene una longitud de onda específica que nuestro cerebro interpreta como luz solar. Cuando nuestros ojos detectan esta luz, envían una señal directa a la glándula pineal, ordenándole que detenga la producción de melatonina, como informarle a nuestro cerebro que es de día confundiéndole completamente a nuestro reloj biológico. Incluso 30 minutos de exposición a pantallas antes de dormir pueden retrasar nuestro ciclo de sueño hasta 3 horas. Son 3 horas de reprogramación cerebral perdidas, 3 horas de restauración celular desperdiciadas, 3 horas de consolidación de memoria que nunca recuperaremos.
Nuestra mente es como una computadora con demasiadas pestañas abiertas. Cada preocupación, cada tarea pendiente, cada conversación inacabada, cada decisión postergada es una pestaña consumiendo memoria y así continúa procesando, rumeando, anticipando eventos teniendo un sueño fragmentado, superficial y que no restaura nada.
De ahí la importancia tratar la raíz del problema buscando la restauración de nuestro reloj biológico y del sistema nervioso con métodos inofensivos como psicoterapia- consejería para recuperación emocional, Acupuntura que mediante neuro-estimulación sobre los controles motor, sensorial y endocrino, regula, armoniza y equilibra el sueño-despertar, la conciencia y percepción, la memoria y las emociones. (O)
