Símbolos que revelan a Jesús/ P. Hugo Cisneros

Columnistas, Opinión

La lectura de este domingo, Juan 1,29-34 nos da a conocer, a Jesús, su persona, su misión a través de símbolos comunes y sencillos.

El símbolo del cordero. Fijemos primero nuestra atención en el símbolo del Cordero de Dios» y su significado.

Una primera alusión bíblica para comprender esta expresión, con la cual Juan Bautista se refiere a la per­sona de Jesús, es la figura del Cordero victorioso en el libro del Apocalip­sis; en 7, 17 el Cordero es el Pastor de los pueblos; en 17, 14 el Cordero destruye los poderes malvados de la tierra. En tiempos de Jesús se creía que al final de la historia se aparecería un cordero victorioso o destructor de las potencias del pecado, de las injus­ticias, del mal. Tal idea es un síntoma también de la predicación escatológica del Bautista: avisaba que la ira era in­minente (Lc 3, 7), que el hacha ya esta­ba puesta a la raíz del árbol y que Dios estaba a punto de abatir y echar en el fuego todo árbol que no llevara buenos frutos (Lc 3, 9). (cf. Mt 3, 12 y Le 3, 17).

La segunda alusión bíblica es el Cor­dero como Siervo sufriente. Esta figura del siervo de Dios sufriente es el sujeto de los cuatro cantos que encontramos en el Segundo Isaías (42, 1-4.7.9; 49,1-6.9.13; 50, 4-9.11; 52, 13-53, 12). Nos preguntamos si la expresión «Cordero de Dios» en Juan (1, 29) tiene el mismo sentido que el «cordero» con el cual se alude al Siervo sufriente de Yahvé en Isaías 53. ¿En verdad Juan consideraba a Jesús el Cordero de Dios siguiendo la interpretación de Siervo sufriente? Ciertamente, no hay pruebas reales de que el Bautista haya hecho tal in­terpretación, pero tampoco hay prue­bas para excluirlo. De hecho, en Isaías 53, 7 se dice que el Siervo: «No abría la boca; era como un cordero llevado al matadero y como una oveja ante sus trasquiladores». Esta descripción se aplica a Jesús en Hch 8, 32 y también la semejanza entre el Siervo sufriente y Jesús se aplicaba por los cristianos (cf.Mt. 8, 17 = Is 53, 4; Hb 9, 28 = Is 53, 12).

Además, en la descripción que Juan el Bautista hace de Jesús en 1, 32-34, hay dos aspectos que evocan la figura del Siervo: en el v. 32 Juan el Bautista afir­ma haber visto al Espíritu descender sobre Jesús y posarse sobre Él; en el v. 34 él identifica a Jesús como el elegido de Dios. Así en Isaías 42, 1 (un pasaje que también los sinópticos conectan con el Bautismo de Jesús) se dice: «He ahí mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco» (cf. Mc 1, 11). He puesto mi espíritu sobre Él».

Una tercera alusión bíblica es él Cor­dero como cordero pascual. El simbo­lismo de la Pascua está muy difundido en el Evangelio de Juan especialmente en relación con la muerte de Jesús. Para las comunidades cristianas a las que Juan se dirige con su evangelio, el Cordero quita el pecado del mundo con su muerte. Otro nexo del simbo­lismo pascual con la muerte de Jesús es que mientras estaba en la cruz, una esponja empapada en vinagre fue le­vantada hacia Él con una caña (19, 29), y era la caña o hisopo la que se mojaba en la sangre del cordero pascual para rociar las jambas de las puertas de los israelitas (Ex 12, 22).

El símbolo de la paloma. Este segundo símbolo también contiene varios as­pectos. Ante todo la expresión «como paloma» era un dicho común para ex­presar el lazo afectivo con el nido. En nuestro contexto evidencia que el Espíritu encuentra su nido, su hábitat na­tural y de amor en Jesús. Todavía más: la paloma simboliza el amor del Padre que se establece en Jesús como en una habitación permanente (cf. Mt 3, 16; Mc 1,10; Lc 3,22). (O)

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