Lecturas dominicales/ P. Hugo Cisneros

Columnistas, Opinión


Las lecturas de este domingo

El Domingo es un día único e irrepetible. Cada semana tenemos la oportunidad de ponernos en diálogo muy íntimo con Señor Jesús. Es un día para adentrarnos en nuestro espíritu e ir “corrigiendo todo aquello” que nos impide vivir el seguimiento a Jesús. Es un día para la celebración y par ir mejorando el compromiso que tenemos, por la fe de ir transformando la sociedad y el mundo. Comparto el comentario que hace de las lecturas litúrgicas de hoy el que fue mi maestro Segundo Galilea.

Primera lectura. Sb 9, 13-19

¿Qué hombre conoce el designio de Dios, 
quién comprende lo que Dios quiere?
Los pensamientos de los mortales son mezquinos 
y nuestros razonamientos son falibles;
porque el cuerpo mortal es lastre del alma 
y la tienda terrestre abruma la mente que medita.
Apenas conocemos las cosas terrenas 
y con trabajo encontramos lo que está a mano:
¿Pues quién rastreará las cosas del cielo, 
quién conocerá tu designio,
si tú no le das sabiduría 
enviando tu Santo Espíritu desde el cielo?
Sólo así serán rectos los caminos de los terrestres, 
los hombres aprenderán lo que te agrada; 
y se salvarán con la sabiduría 
los que te agradan, Señor, desde el principio.

Segunda lectura. Flm 9b-10. 12-17


Yo, Pablo, anciano y prisionero por Cristo Jesús, 
te recomiendo a Onésimo, mi hijo,
a quien he engendrado en la prisión; 
te lo envío como algo de mis entrañas.
Me hubiera gustado retenerlo junto a mí, 
para que me sirviera en tu lugar 
en esta prisión que sufro por el Evangelio; 
pero no he querido retenerlo sin contar contigo: 
así me harás este favor no a la fuerza, sino con toda libertad.
Quizá se apartó de ti 
para que le recobres ahora para siempre; 
y no como esclavo, sino mucho mejor: 
como hermano querido.
Si yo lo quiero tanto, 
cuánto más lo has de querer tú, 
como hombre y como cristiano.
Si me consideras compañero tuyo, 
recíbelo a él como a mí mismo.

Evangelio del día. Lc 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
–Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

Con qué radicalidad, sin rodeos, tajante, propone Jesús la cuestión: ¿Está permitido hacer el bien? ¿Hay que curar o dejar morir? Y todo,  porque era sábado. Lo que en el sueño de Dios era día de liberación, de descanso, de evocación de la historia de un pueblo bendecido por Dios, todo se ha convertido, por la dureza de los hombres, en carga pesada y opresora; tan opresora que pone mil barreras hasta para hacer el bien a la gente.

Nos metemos en la sinagoga. Es sábado y participa un hombre sufriente, tiene el brazo derecho paralítico. En seguida saltan las posturas; los fariseos están al acecho, quieren acusar a Jesús y, al final, se pondrán furiosos.  Es la actitud cerrada farisaica que pone de excusa a Dios y su culto para negarse a socorrer al prójimo doliente. Con Jesús, como siempre, las cosas cambian. Contempla al paralítico, sus ojos se llenan de dolor  y su corazón de compasión y misericordia. No podía ser de otra manera, es el “siervo, varón de dolores” que carga con nuestros males y pecados.

Está claro. No podemos divorciar el bien de los hombres y el bien de Dios. Si es la misma cosa: “Tuve hambre y me disteis de comer”, y está hablando de socorrer al prójimo. Ante el dolor, la única respuesta, humana y cristiana, es sanar. Una religión que no cura, ¿qué pinta? Para Jesús, lo primero el hombre, imagen de Dios, hijo de Dios. Otros, lejos del Evangelio, se aferran a la ley: “Está escrito, cúmplase”.  Parece que hay gente con el corazón seco. Cuántas batallitas rompen la armonía y la paz de Dios, por mil minucias. ¿Hará falta ejemplificar? (Consultemos algunos comentarios en Internet, dentro de páginas religiosas). Acabemos con mirada positiva. Nuestro sábado, nuestro día santo es el domingo: que es Pascua, Resurrección, fiesta, Eucaristía, comunión, banquete, sacrificio de Cristo presente, gratuidad. Todo. (O)

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