Lecciones que nos deja el Mundial 2026

El Mundial de 2026 llega a su fin dejando imágenes memorables, nuevas figuras y emociones que permanecerán durante años en la memoria de los aficionados. También marcó el cierre de una época; de hecho ha sido la última Copa del Mundo para leyendas del fútbol como Cristiano Ronaldo, Lionel Messi y Luka Modrić. Sin embargo, más allá de los goles y las celebraciones, el mundial también expuso profundas contradicciones dentro y fuera de los estadios. Para Ecuador, en particular, la cita mundialista terminó convirtiéndose en una oportunidad desperdiciada que obliga a una reflexión seria sobre el futuro de nuestro fútbol.
La eliminación temprana de la selección ecuatoriana dejó un sabor amargo para los ecuatorianos. Si bien el equipo logró momentos destacables, la sensación general fue que una generación talentosa volvió a quedarse corta frente a las expectativas. Ecuador cuenta con futbolistas que militan en las mejores ligas del mundo, jugadores con experiencia internacional y condiciones suficientes para competir al más alto nivel; sin embargo, el talento individual no alcanza. Necesario conjugar un proyecto serio que genere sinergia en nuestra selección.
El problema no radica únicamente en los jugadores, ni en el entrenador; la verdadera discusión debe centrarse en la falta de un proyecto deportivo consistente. Hoy la Federación Ecuatoriana de Fútbol se encuentra nuevamente en la búsqueda de un entrenador, los dirigentes aseguran que se busca un perfil capaz de liderar el siguiente ciclo mundialista. La pregunta, es inevitable: ¿qué garantiza que esta vez será diferente?
La credibilidad de la Federación es objeto de cuestionamientos. Más allá de los discursos optimistas, los resultados obligan a revisar las decisiones tomadas. Incluso el presidente de la FEF ha reconocido la responsabilidad institucional por el desempeño de la selección, ese reconocimiento es importante, pero no basta. Ecuador merece algo más que explicaciones; merece un plan claro, transparente y sostenible.
Pero el Mundial también nos deja otra reflexión; y es que el fútbol continúa alejándose de sus raíces populares. Los elevados precios de las entradas, hicieron que para miles de aficionados asistir a un partido fuera prácticamente imposible.
Por eso, el balance de este Mundial trasciende lo puramente deportivo. Para Ecuador deja la obligación de replantear su modelo de gestión futbolística, elegir con responsabilidad a su próximo entrenador y exigir a sus dirigentes una gestión institucional eficiente, dejando que las decisiones sobre alineaciones y convocatorias sean exclusivas del cuerpo técnico.
Para el fútbol mundial, en cambio deja una advertencia sobre los riesgos de convertir un fenómeno cultural y popular en un espectáculo elitista, cada vez más inaccesible.
Las derrotas pueden convertirse en lecciones. La pregunta es si la Federación Ecuatoriana de Fútbol estará dispuesta a aprender de ellas o si, una vez más, el país llegará al próximo ciclo mundialista con las mismas dudas, las mismas promesas y las mismas frustraciones. (O)
