LAS FORMAS Y LOS FONDOS / Guillermo Tapia Nicola.

Columnistas, Opinión

No hay nada nuevo bajo el sol. El tiempo transcurrido nos confirma el uso indiscriminado de maneras y mecanismos a los que, reiteradamente, acuden ciertas personas para intentar justificar algo o, responder a un requerimiento que les ha sido formulado, sin necesariamente hacerlo.

Una suerte de tomadura de pelo, o de «risueño engaño» por no decir, descomedido modo de tratar a los demás ecuatorianos, como si se tratase de una pléyade de «imbéciles».

Así de gráfico ha sido el desplante -diurno y nocturno- del representante de la CONAIE al referirse (sin mencionarlo específicamente) al diálogo que algunas organizaciones sociales y representaciones gubernamentales, han planteado como fórmula que permita: escucharse, analizar y superar situaciones que, hoy por hoy, mantienen a todo un país en la incertidumbre, amén del desenlace apurado de las últimas horas, cuando se cambió la actitud de aguante y se imprimió algo de represión a la violenta marcha indígena. 

En ninguna cabeza sensata podría caber la osadía de plantear exigencias hiperbólicas para que, los violentos, se pongan de acuerdo en «algo más» con el solo fin de dilatar la paralización y exasperar los ánimos de la gente que, de a poco, va perdiendo el miedo y quién sabe, reaccione de manera contraria a su pacífica receptividad y consideración.

El liderazgo, está llamado a imaginar escenarios con antelación, para evitar fracasos y pérdidas. Esto implica, un nivel de raciocinio ponderado y objetivo que permita advertir el sendero a seguir y el discurso de motivación correspondiente.

Pero, a despecho de lo que todos quisiéramos, las acciones demuestran lo contrario. Una andanada de violencia y descontrol bajo el slogan de ‘marcha pacífica’ buscando exactamente qué aquella escale y se salga de las manos, a fin de victimizarse y acceder a los emolumentos y los reconocimientos políticos que son lo único que en efecto buscan. 

Llegar al poder, a cómo de lugar, porque vía elecciones jamás lo lograrán. Eso está más claro que el agua. Asumir que la conmoción interna derivada de la acción desaprensiva de un grupo minoritario que confunde -libertad de expresión- con agresión y vandalismo, no es un argumento válido para pretender justificar un cambio adelantado en la conducción del gobierno. 

Cierto, que no cabe perder la esperanza de que, finalmente, se llegue a resolver el conflicto. Algunos factores e intervenciones de agentes oficiosos parecería que están apuntalando ese objetivo, pero también, las formas agresivas y terroristas que se verifican para impedir que las ciudades y sus vecinos retornen a su normalidad, son de tal naturaleza que, en el fondo, imposible es perder de vista lo que en realidad busca esta gente: destruir al país, bajarse a un gobierno, y en esas circunstancias apostar por una acción legislativa que les permita acceder al ejercicio de un poder que les ha sido esquivo, en unos casos, o que ya se les fue de la mano, en otros.

Porque, dígase lo que se diga, evidente es la conjunción y el apadrinamiento entre el movimiento indígena y los intereses caóticos del grupo político que sutilmente los utiliza, hasta cuando dejen de ser necesarios y entonces, los vuelva a pisotear y a agredir. Esto, independientemente de los últimos posicionamientos político-democráticos.

Por el momento, las bases movilizadas, atendiendo un llamado cordial del Mandatario y vista su soledad, abandonados de sus líderes, ha vuelto sobre sus pasos. 

En este estado de cosas, no cabe sino insistir, en la necesidad urgente de terminar con el pernicioso y delincuencial levantamiento, ya que no es lícito ni prudente jugar con fuego y menos, avivarlo, con tanto desmán e irracional  comportamiento, como se lo ha hecho para distraer y dilatar.

¡De qué marcha pacífica podemos hablar! 

Basta ya de tanta gentileza, comprensión  y amigable comportamiento.

El terrorismo se combate de manera distinta, porque en las mentes ofuscadas de sus engendros, no cabe el razonamiento y tampoco el remordimiento. 

Habrá que dialogar y concluir, con quien corresponda, pero también, habrá que identificar y sancionar, enmendar y corregir. El País no se detendrá. No puede hacerlo. Sería catastrófico dejar de pensar en superar las crisis y dejar de caminar hacia el futuro. 

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