La palabra del domingo/P. Hugo Cisneros C.

Columnistas, Opinión

LECTURAS DOMINICALES                                                     



Cada domingo el Señor nos propone su Palabra para enriquecer nuestro Espíritu, para animar nuestro caminar cristiano y sobre toda para purificar, y reforzar lo que tiene que movernos en nuestra existencia: el amor.

Comparto la reflexión sobre las lecturas de la liturgia dominical que nos propone Segundo Galilea en “La Palabra del Domingo”.

Primera lectura. Jr. 20, 10-13

            El tema litúrgico de hoy: Dios está con nosotros, está de nuestro lado en todo el transcurso problemático de nuestra vida.

            Esta es la convicción del profeta en esta lectura. Sabe que hay una confabulación contra él; está en la mira de sus enemigos. Pero está confiado que a la larga tendrá éxito, a pesar de su temor y debilidad: sabe por experiencia que Dios está con él.

Segunda lectura. Rm 5, 12-15

            De vez en cuando necesitamos signos que Dios está con nosotros, para impulsar nuestra fe y esperanza. Los podemos encontrar en nuestra experiencia personal. Pero nunca deberíamos olvidar que el signo mayor y permanente es Cristo.

Tercera lectura. Mt 10, 26-33

            Como es costumbre, la enseñanza de Jesús es este Evangelio radicaliza el tema “Dios con nosotros”.

            Jesús no ahorra detalle o ejemplo para convencernos de esta verdad. “Ni un gorrión cae a tierra sin el consentimiento de vuestro Padre… en lo que respecta a ustedes, cada cabello de vuestra cabeza esta contado… y ustedes son mucho más que los gorriones…” Y así.

Esta verdad tiene igualmente otra implicación. Con Dios a nuestro lado, sabemos mejor cuáles son nuestros verdaderos peligros. “No tengan miedo de los hombres”, dice Jesús. Porque los hombres sólo pueden dañar o destruir vuestro cuerpo. Debemos temer más bien cualquier cosa que puede destruir nuestra alma.

¿Qué es lo que está tratando de decir Jesús? Que los males materiales y físicos, aunque realmente males, no son absolutos, no son irreparables o irreversibles con respecto a nuestro final. La muerte incluida. Por otra parte, la muerte espiritual es irreparable porque nos corta de Dios; él no puede ya estar de nuestro lado; no queremos que esté con nosotros. Lo cual no es el caso de los males materiales.

La palabra de Jesús son una llamada a no ser tan materialistas en nuestra apreciación de las servidumbres humanas. La gente se impresiona y conmueve por las tragedias materiales, y o tanto por las tragedias que tienen que ver con la corrupción espiritual y la destrucción de la conciencia humana. (O)

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