La oportunidad del mensaje / Guillermo Tapia.

Columnistas, Opinión


Hay momentos en los que, sin ninguna duda, debemos replantear esquemas, soltar amarras, revisar posiciones y terminar siendo más austeros con nuestros propios afectos en función de recrear espacios que aporten nuevas alegrías, para encontrar otros horizontes, sin dejar de soñar.

Termina un año que ha causado dolor, imponderables pérdidas, afectaciones individuales, familiares y grupales. Un año que no ha sido sino el escenario receptor de pandemias: sanitaria y de las otras. De aquellas que se restriegan en el rostro y se impregnan en el alma.

Si no somos capaces de diferenciarlas y, confundidos, seguimos apostando por dar continuidad a esos aciagos días de supuesta bonanza y felicidad mal habida, no habremos entendido el mensaje de una segunda oportunidad que nos da la vida. Nuestro espíritu terminará divagando en la nebulosa y siendo fácil presa -una vez más- de la nada, de lo absurdo, de lo mezquino y de lo impropio.

Oficialmente iniciamos el 2021 con un período electoral que convoca e importa a todos. Mirarlo con indiferencia e intentar entenderlo sin apropiación, es el peor error que podamos cometer. Es momento de asumir retos y sumar adhesiones para encausar objetivos de cambio y superación. No se trata sólo de juntar colores, se trata de dar pinceladas de confianza y seguridad que nos conduzcan a imaginar nuevas expresiones, matices y refugios para sostener la esperanza y curarnos la impaciencia.

Cada persona es un mundo y, esos mundos, dispersos e incrustados en el territorio de la nación, tienen a su haber la capacidad de mostrarse como en realidad son: seres con autenticidad, con diferencias, con necesidades, con deseos, con frustraciones, con pasiones, con virtudes y con defectos.

Difícil, pero no imposible juntar tan heterogéneas manifestaciones. Impostergable

entonces encontrar un hilo conductor que permita una empatía ciudadana, necesaria y urgente para dar viabilidad a esa segunda oportunidad vital.

Debemos estar conscientes que el cambio, empieza por uno mismo, aquí y ahora, sin esperar pautas o primeros pasos, convencidos de que podemos y debemos no solo mejorar, sino reemplazar sentimientos y actitudes atávicas que únicamente nos han generado verdaderos grilletes de inmovilidad y carencia de superación.

Ahora deberemos saborear las mieles del positivismo y de esa nueva visión de país que queremos, más humano, más respetuoso, más honesto, más trabajador, más comprometido con las causas nobles, las libertades y los emprendimientos. De ese país que no necesite gritar para entendernos, que no necesite amenazar para innovar, que no necesite ofender para respetarnos y caminar juntos.

Esa utopía nos volverá grandes y nos hará fuertes.  

El mensaje de la propuesta diferente al continuismo es bastante claro y realista. Se muestra con frontalidad y sin apostar a la mentira ni al engaño, porque el Ecuador demanda unidad y transparencia.

Basta ya de medias tintas y medios vasos.  Basta de una justicia acomodaticia y sometida, vendada no solo los ojos sino el alma, que subsiste arrinconada y le viene haciendo el juego a la ignominia, sin más trámite que su propia conveniencia. Basta de la dilapidación consentida de los recursos públicos y de los impedimentos y de las trabas para el progreso y el bienestar. Basta de esa mendicidad utilizada como señuelo de paz y solidaridad, para justificar la falta de empleo y trabajo para la gente. Basta de esa reiterativa manipulación de la historia y de los valores cívicos, éticos y morales de la sociedad ecuatoriana. Basta de esas inventivas amañadas en los foros del seudo caudillismo auto titulado de avanzada que se acostumbró a vivir de gratis, atiborrando de palabrería barata e insulsa, de ruptura civil y de dolor en todos los escenarios en los que ha tenido ocasión de mostrarse. Basta del miedo fecundado en la insolencia y la prepotencia callejera. Basta de la inseguridad que campea en el territorio nacional. Basta del abuso. ¡Basta ya, de tanto engaño!.

Parafraseando al maestro García Marquez, diría que es pertinente y ha llegado la hora de dejar de vivir del amor en tiempos del cólera.

La gratuidad de los apoyos de los organismos internacionales es una ficción, no existe. Eso debemos entenderlo y asimilarlo a nuestro diccionario de sobre vivencia (bueno, por lo menos al de la lengua castellana, no al de los separatismos y vulgaridades que intentan inocularnos con el léxico incómodo de la referencia y redundancia de género hasta en el punto y coma). Consecuentemente, esas generosas dádivas temporales, habremos de pagar en algún momento y para hacerlo, necesitamos trabajar más, producir más, vender más, consumir más, superarnos más. En pocas palabras … CAMBIAR.

Y el pueblo ecuatoriano es consciente que debe dar ese salto por el bien de todos. La oportunidad del mensaje no es sino ese espacio de nuestro tiempo que dedicamos a otros para escucharlos, para intentar entender, aprender y aprehender. Estamos a tiempo de abrirnos a escuchar. Hagámoslo sin restricciones ni estereotipos, sin barreras comunicacionales. Con diafanidad y mesura. No hay peor cosa que aquella que no se intenta. 

Enlacemos oportunidades y sentimientos.

Construyamos un diferente y apropiado 2021. Éxitos.. (O)

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