La manzana de Newton / Jaime Guevara Sánchez

Columnistas, Opinión


La ciencia encuentra significado en nuestras experiencias y establece su posición en forma muy diferente. Establece su idea como lo hizo Newton en la historieta que él mismo relató en sus años viejos. Los textos escolares la mencionan solo como una caricatura.

En  1665, cuando Newton era un joven de veintidós años, una plaga apareció en el sur de Inglaterra, la Universidad de Cambridge fue cerrada. A Newton no le quedó otra alternativa que  pasar los siguientes dieciocho meses en casa, alejado de su tradicional  aprendizaje. Período de grande impaciencia por el conocimiento: “Estuve en la primavera de mi edad buscando un invento.”

En ese animo juvenil, anhelante, sentado en el jardín de su madre viuda, un día vio caer una manzana. Hasta aquí, los libros tienen la historia correcta. Los comunes mortales pensamos y hasta creemos saber la clase  de manzana, una parecida a la deliciosa Emilia de nuestros Huachis. Los ingleses dicen que fue una manzana conocida como  Flor de Kent, aunque concentrados en este detalle, pierden el quid de la historia. Porque lo que sorprendió al joven Newton no fue el pensamiento de que la manzana haya sido atraída hacia la tierra por la gravedad; esa concepción  era ya más vieja que  Newton. Lo que le impactó   fue la conjetura de que la misma fuerza de gravedad que llega a la copa del árbol podría ir, viajar,  mucho más lejos de la tierra y su aire, a la profundidad del espacio infinito. La gravedad podría llegar a la luna,  fue el pensamiento nuevo de Newton; podría ser la gravedad la que sostiene a la luna en su órbita.

Allí mismo,  calculó que fuerza de la tierra retiene a la luna y la comparó con la fuerza de gravedad conocida a la altura del árbol. Las fuerzas concuerdan; Newton dice lacónicamente: “Encuentro  la respuesta de  fuerzas  muy cercanas, pero ningún parecido es exacto.” En palabras de Newton la ciencia moderna está en total desarrollo.

Crece por comparación. Se apodera de lo parecido entre dos desiguales; porque  la manzana del jardín y la gravedad de la luna en el firmamento, son dos cosas  tan dispares en sus movimientos. La observación de Newton  le permite trazar  en sus dos movimientos un solo concepto, gravitación: el concepto y la unidad son en ese sentido su creación libre.

El progreso de la ciencia es el descubrimiento, a cada paso, de un nuevo orden que da unidad a lo que por mucho tiempo parecía imposible.

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