El hoy modernista / Jaime Guevara Sánchez

Columnistas, Opinión

Es posible que nuestra época tenga los niveles de individualismo y ensimismamiento más altos de la historia, tanto por una serie de ideas que se han esparcido respecto a la felicidad humana –que abogan por una creciente preocupación por el ‘yo’- cuanto por la tecnología, que como un imán nos atrae cada vez más, evitando que interactuemos, o si se prefiere, en el mundo ‘real’.

Parece que una situación como esta influiría notablemente en las relaciones humanas, al punto que diversas actitudes que se han hecho comunes hoy, resultarían inexplicables, cuando no demenciales, para épocas pasadas. Por ejemplo, pasar horas y horas frente a la pantalla de la computadora, del celular, etcétera, etcétera; o mantener fluidas conversaciones por WhatsApp, no cabría en la cabeza de quienes nos han precedido.

En un mundo en que el otro es cada vez más distante o hasta, aparentemente, innecesario, se corre el riesgo de caer en una especie de solipismo que dificulta las relaciones humanas. Debido a la tecnología no estamos tratando de verdad con los demás, sino ‘también’ con ellos, porque tampoco nos mostramos realmente como somos, generándose así diálogos no solo incompletos, sino más o menos ficticios.

Con todo, el problema más grave es la paulatina pero creciente indiferencia que se genera entre las personas. Estamos tan concentrados en nuestras cosas, que los demás pasan a ser extraños, cuando no seres molestos que interrumpen nuestro ensimismamiento.

Es esto, precisamente, lo que explica este notable desdén que hoy existe entre unos y otros, lo cual puede llegar y de hecho ya ha llegado a extremos preocupantes. No otra cosa parece explicar el notable y creciente rechazo hacia quienes necesitan ayuda o incluso hacia quienes generan demasiados gastos para su manutención.

De ahí que entre otras cosas, la mentalidad eutanásica o abortista vaya esparciéndose de manera creciente, producto de la indiferencia social, al punto que cada vez es más común el argumento de por qué habría de molestarse por el otro, o de por qué sería necesario postergarse en pos del bien de los demás. En suma, de si existirá alguna razón tan importante que justifique verse forzado a salir de este espléndido aislamiento al que nuestro mundo nos lleva y del cual cuesta cada vez más escapar.

O si solo estamos en una etapa más del cosmos, las transformaciones de la unidad cosmos-hombre seguirán sucediéndose como ha ocurrido a través de los millones de siglos, desde que la tierra evolucionó para dar posada al primer peregrino de dos patas. (O)

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