Hablar de lo incómodo es proteger

Columnistas, Opinión

En muchas familias todavía existen temas que se evitan: sexualidad, consumo de alcohol, tabaco o drogas, violencia, abuso, salud mental. Se piensa que hablar de eso “despierta curiosidad” o incentiva conductas. Desde la psicología sabemos que ocurre lo contrario: el silencio no protege, expone al peligro y desinformación.

La infancia y la adolescencia son etapas de construcción. 

Los niños y adolescentes no solo crecen físicamente; también desarrollan criterio, identidad y capacidad para tomar decisiones. Cuando en casa hay temas prohibidos o que generan reacciones de vergüenza, el mensaje implícito es claro: “De esto no se habla”. Entonces, cuando surgen dudas reales o situaciones de riesgo, buscan respuestas en internet, en amigos o en personas que pueden no tener buenas intenciones.

Hablar de temas incómodos no significa promover conductas. Significa ofrecer información adecuada a la edad, con lenguaje claro y valores definidos. Por ejemplo, explicar lo que es el consentimiento, no incentiva relaciones sexuales; fortalece la capacidad de reconocer límites. Conversar sobre drogas no invita a consumir; permite anticipar riesgos y entrenar habilidades para decir “no”. Hablar de abuso no genera miedo innecesario; enseña a identificar situaciones inapropiadas y pedir ayuda.

Desde el enfoque psicológico, la clave está en la prevención y el vínculo. Los estudios sobre apego y comunicación familiar muestran que cuando los hijos perciben apertura y escucha, desarrollan mayor confianza para compartir lo que viven. Esto reduce la probabilidad de conductas de riesgo ocultas y aumenta la posibilidad de intervención temprana ante cualquier señal de alarma.

Evitar estos temas no elimina la exposición. Vivimos en una sociedad donde los niños acceden a contenidos fuertes cada vez más temprano. La pregunta no es si recibirán información, sino quién se las dará y con qué valores será interpretada.

Hablar implica escuchar sin juzgar, regular nuestras propias emociones y adaptar el mensaje a la etapa evolutiva de nuestros hijos. No se trata de dar discursos extensos, sino de abrir conversaciones progresivas. A veces una pregunta sencilla como “¿Qué sabes de esto?” puede iniciar un diálogo significativo.

Es comprensible que algunos padres se sientan incómodos o no sepan cómo abordar ciertos temas. Nadie nos enseña formalmente a hacerlo. En esos casos, buscar orientación profesional es una decisión responsable. Un psicólogo puede brindar herramientas, guías prácticas y estrategias adaptadas a cada caso y cada familia.

Proteger no es callar. Proteger es informar, acompañar y construir un espacio donde lo difícil también pueda ser hablado con respeto y seguridad. (O)

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