Escuela y distrito / Washington Montaño

Columnistas, Opinión


La noticia de que en el barrio “Oriente” se suprime definitivamente la escuela del mismo nombre, causa enojo, molestia entre sus pobladores quienes, durante dos años, anduvieron en continuas gestiones ante el Distrito 3 y la Coordinación Zonal 3, para que se mantenga la institución que por más de cincuenta años sirvió a muchas generaciones del barrio y de los lugares aledaños.

Coraje, decepción, les tienen a estos pésimos funcionarios que con triquiñuelas y mentiras les tenían a los directivos del barrio con la esperanza de que al tener los estudios técnicos que ellos mismos hicieron, la factibilidad de que se reactive el servicio educativo con todos los años de básica porque el área de influencia de la escuela es alta y las instituciones educativas cercanas, ya están más que saturadas.

Y así, año tras año, fueron quitándole la vida institucional y sacando a relucir sus verdaderos intereses, de adueñarse de la planta física para que funcione allí el distrito. Nunca tuvieron interés para solucionar el problema, peor para tomar una decisión, sino que dejaron que se aferren a una falsa esperanza, cuando sabían que la decisión de cerrarla ya estaba tomada.

Que no había docentes, que en las instituciones grandes había espacio más que suficiente para acogerlos; que la estructura de unidades educativas se debe cumplir hasta determinado año…Y como balde de agua helada les cae la noticia que quienes desaparecen son ellos. Allí está un grueso burocrático que se creó en la fallida revolución educativa; allí están los que convirtieron a docentes en pasa papeles, en cuida niños majaderos, en los cuidadores de los derechos estudiantiles; en los aplicadores de toda norma, procedimiento, seguimiento, evaluación obligatoria y sanción a quienes no lo cumplan.

Que, a ellos no les falte el trabajo, que regresen a las escuelas y retomen el sendero de enseñar, porque al buen músico, el compás le queda; que vayan y conjuguen el verbo aprender, practiquen los valores demostrados en su trabajo administrativo, compartan las vicisitudes que causan órdenes tras órdenes y vivan la desazón, el descontento, la frustración ante el irrespeto a los docentes y sientan en carne propia lo que es tratar de enseñar a grupos de adolescentes destetados tardíamente.

Sentimos mucho que tengan que pasar este mal momento de vivir con incertidumbre, como docentes contratados; que esa angustia que se siente cuando no se sabe que va a pasar mañana o el tener que obedecer y cumplir con las tareas y obligaciones de otros; que vayan a trabajar, ellos que practicaron el compañerismo en su estado puro, con seguridad, no tendrán ningún problema para adaptarse.

Pero allí están los docentes que faltan para reaperturar las escuelas del campo, no es problema enseñar ahora, un antiguo colector puede enseñar matemáticas, una trabajadora social puede desempeñarse en estudios sociales, el médico en ciencias naturales; los de administración en grados de básica; los del dece a tratar los problemas de mamitis, alcoholitis, vagueritis y facilitis  de los estudiantes de las unidades educativas que hay a millares y surgir. Sobre todo, “que pongan orden”, ahí les quiero ver, a padres y madres de familia.

“Nada dura para siempre y el mundo da la vuelta, nunca se detiene”. (O)        

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