Error inexcusable / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión

Carlos Karolys, falleció el pasado 10 de julio, en un atentado al estilo de sicariato, propio de las narcotelenovelas transmitidas por algunos canales de televisión nacional e internacional. 

El fallecido reingresó a la fiscalía el 1 de junio del presente año, en cumplimiento de dos sentencias favorables dictadas el 30 de abril. Cinco años antes, el Consejo de la Judicatura presidido por Gustavo Jalkh, destituyó a varios exjueces, exfiscales y exdefensores públicos bajo la figura de error inexcusable. 

Los funcionarios judiciales, como seres humanos, pueden cometer errores en sus actuaciones. El equívoco calificado como inexcusable no admite perdón y se comete cuando dejan de cumplir encargos que para su puesto son obligatorios. En general, se refiere a las omisiones graves, evidentes e imperdonables cometidas por negligencia, falta de pericia o desconocimiento.

El Consejo de la Judicatura de Jalkh, como si fuese un tribunal, cosa que sólo podría realizar otro magistrado superior, separó del cargo a varios miembros de la función judicial. No obstante, tras la consulta popular del 2017 y la posesión de los consejeros de participación ciudadana transitorios, con poderes extraordinarios, otorgados en las urnas, los miembros de este consejo entraron en cuarentena. Al final, fueron cesados, quedando sin sustento el error inexcusable y la destitución de los afectados por esta sentencia. 

El agente fiscal, ahora fallecido, después de su reinserción fue destinado a cumplir el trabajo diario en el cantón Daule. La resolución fue firmada por la fiscal Diana Salazar el pasado 20 de mayo. La mañana del atentado salió de una audiencia realizada en la Unidad Judicial del Albán Borja. Las noticias publicadas hasta el momento dan cuenta de por lo menos 10 impactos de bala. Las imágenes del crimen deambulan sin ningún pudor a través de las redes sociales. 

El error inexcusable del que fue redimido el fiscal terminó con un error del que no podrán excusarse los que dieron la orden de la ejecución y los que la cumplieron. Las narcotelenovelas, de tanto éxito comercial en muchos países, tan sólo develan el fenómeno de violencia social de los pueblos. El libreto de un nuevo capítulo, triste, lamentable y doloroso, se escribió esta vez en las calles ecuatorianas a plena luz del día. (O)

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