Enero la tradición de los inicios / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión



Si bien el calendario gregoriano que nos rige y que fuera llamado así por ser su promotor el papa Gregorio XIII allá por el año de 1582, no coincide con otras formas de marcar el tiempo desde culturas diversas en la historia de la humanidad, lo cierto es que existen varios elementos que se han mantenido a lo largo de los siglos.

De hecho, el gregoriano actualmente utilizado de manera oficial en casi todo el mundo surgió del calendario juliano, utilizado desde que en la antigua Roma lo instaurara el Pontífice Máximo Julio César en el año 45 a. C. que a su vez era básicamente, el calendario egipcio, es decir el primer calendario solar conocido que estableció la duración del año en 365,25 días.

Enero o January en Inglés, tiene su origen en “Januarius” como el mes dedicado al dios JANO, el de las dos caras: una joven y otra adulta, simbolizando así el traspaso de un ciclo de tiempo a otro.

Su templo tenía doce puertas correspondientes a cada uno de los meses del año. Las puertas permanecían abiertas durante los tiempos de guerra y cerradas cuando la paz reinaba en el Imperio, además a él se dedicaban todas las mañanas los “Janus matutinus” como inicio del nuevo día.

También en el primero de cada mes se celebraban las Calendas, pues ese día los romanos ofrecían a Jano, una torta de pan hecha de harina previamente amasada con sal y vino. Estos momentos además estaban dedicados al perdón y a los sentimientos de amistad que se manifestaban en cambio de obsequios y presentes.

Los Cónsules tomaban posesión de su cargo el día primero de enero y hacían sus ofrendas, durante el ritual religioso en el Capitolio, por la prosperidad de la nación.

Hoy aquella tradición de regalos se ha mantenido de alguna manera y cada vez que inicia un año, casi intuitivamente nos ponemos a revisar el ciclo transcurrido. Éxitos y fracasos pasan veloces delante de la imaginación, y muchas veces preferimos olvidar los errores prometiéndonos mil mejoras para el año que se inicia.

Pero tal como lo señala Delia Steinberg Guzmán, para poder ubicarnos en el espacio y en el tiempo “es necesario resolver el origen y el fin de nuestras vidas… hay que vibrar con el ritmo de la evolución universal para sentirse dentro de ese ritmo, y comprometidos con esa misma evolución. Entonces podremos vivir años distintos unos de los otros”

Entender que el tiempo es cíclico y por ello atravesamos por momento felices, así como otros francamente difíciles. De ahí que las dificultades son algo inherente a la existencia y por ello debemos creer en nosotros mismos, volvernos sólidos y dignos para sentirnos auténticamente felices, aun en medio de los problemas.

Recordar todo esto nos llevará a mirar la vida con más claridad, ayudándonos a no esperar solamente recibir durante este año sino fundamentalmente dar y servir. He ahí nuestros auténticos regalos. (O)

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