En manos de quienes estamos

La responsabilidad o el poder de las funciones más importantes del Estado, evidencian desde hace tiempo atrás, la preocupación de la sociedad, sobre la capacidad, integridad o intenciones de quienes lideran o dirigen las bases jurídico-político-administrativas en que se asienta el país. Implica cuestionar si los responsables son competentes o si se priorizan intereses personales sobre el bienestar común, como se ve en debates sobre gobernantes o administradores.
Ellos, los que están picados de corrupción, dirigen, eligen, administran, intercambian acciones ilícitas que las disfrazan de acciones profesionales y administrativas. No importa que tengan líos con la justicia, da igual que en el país de Manuelito, con grillete y todo, sigan campantes en funciones. Está tan corrompida la justicia que es insólito ver que, acuerdan sentencias, fallos, dilataciones de juicios que, tiene un trato preferencial en tiempo, espacio; funcionarios que agilizan los despachos. Mientras otros casos, pasan a segundo, tercer plano; y al olvido.
Molesta a la sana razón, que con justificaciones de medio pelo, quieran evadir sus enredos con casos y cosas en donde la delincuencia de alto nivel juega un papel dirimente. Por decencia, decoro, honor, o por la simple duda, un profesional bien formado da el paso a un costado para defenderse en privado. Es tal el descaro que, ni el pedido de renuncia emitido por el Presidente de la República le remueve la conciencia y sigue carepalo en el puesto.
Los señores de toga y martillo justiciero, ni mella les hace, el no haber renovado el máximo organismo de justicia del país, que les tiene cerca de la acefalía; es de Ripley, porque tuvieron el tiempo suficiente para hacerlo; pero no, había que poner trabas a los posibles candidatos, juzgarles y verles las costuras a sus compañeros; ¡ejemplo de trabajo en equipo.! Enfrentarse de manera cínica en los medios, sin más argumento que su ambición de poder.
¿Juicio político? Ya no es el cuco de antes, porque todo se arregla con anticipación, se ofrece y se calcula políticamente. Para qué concentrarse en la defensa si los argumentos ante los votos de mayorías, no ven lo nefasto de las administraciones, sino el provecho que se pueda sacar al ventilarse políticamente con el debate.
Tanta alharaca y bochinche, para difundir a la ciudadanía el descubrimiento del ilícito, la detención de un contumaz delincuente, los negocios oscuros del papi, el baile del billete de la muñeca de la mafia, la extradición del capo. Más rápido es el arreglo que la sentencia y la justicia con la policía se quedan con la fiesta a la que nadie asiste.
Sin despeinarse, el presidente del (CPCCS) asume la presidencia de la Función de Transparencia y Control Social (FTCS); si bien el CPCCS es el órgano principal dentro de la Función de Transparencia; por estatuto, su presidente preside el Comité de Coordinación que, articula a todas las entidades como Contraloría, Defensoría, Superintendencias, etc. No es menos preocupante que en la práctica, se cuestione la concentración de poder y el contexto de controversia en el que se ejerce. (O)
