El regreso de Le Pen

Este 7 de julio de 2026 quedará marcado como un día pivotal en la política francesa. El Tribunal de Apelación de París confirmó la condena de Marine Le Pen por malversación de fondos públicos europeos, pero rebajó significativamente las penas. De los cinco años de inhabilitación iniciales, se pasó a 45 meses (30 suspendidos), y como ya había cumplido 15 meses desde la sentencia de primera instancia en marzo de 2025, la líder de Reagrupamiento Nacional (RN) queda jurídicamente habilitada para presentarse a las presidenciales de abril de 2027.
La corte también redujo la prisión a tres años (dos suspendidos) y le impuso un año de arresto domiciliario con brazalete electrónico, además de una multa de 100.000 euros. Un veredicto salomónico que mantiene la culpabilidad, pero evita el “asesinato político” que suponía la inhabilitación plena. La reacción no se hizo esperar: esa misma noche, en una entrevista en TF1, Le Pen anunció sin ambages: “Sí, soy candidata a la presidencia”.
Este giro altera el panorama de 2027. Macron ya no puede reelegirse, y la derecha tradicional sigue fragmentada. RN lidera las encuestas en primera vuelta, y Le Pen -tres veces finalista- representa la continuidad de un proyecto que coincide con el ascenso del conservadurismo en otros países. Sin embargo, el brazalete plantea un dilema simbólico y práctico. Una candidata a la presidencia con vigilancia electrónica proyecta vulnerabilidad y dependencia judicial. Su decisión de seguir adelante revela determinación, pero también riesgo: ¿fortalecerá su narrativa de víctima de un sistema que la persigue o erosionará su credibilidad como líder fuerte? Bardella, más joven y popular en algunos sondeos, espera en segundo plano. Si Le Pen tropieza, el “plan B” está listo.
En el caso, los jueces invocaron la “libre elección de los electores”, mientras que los partidarios de Le Pen hablan de lawfare. En una Francia polarizada, con desafíos económicos, migratorios y de identidad, la irrupción de Le Pen mantiene viva la posibilidad de un vuelco histórico. Su candidatura no garantiza victoria, pero sí asegura un debate sin anestesia sobre el futuro del país. La batalla por el Elíseo ya ha comenzado. (O)
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