El oficialismo y las seccionales

Columnistas, Opinión

A poco más de cinco meses de las elecciones seccionales del 29 de noviembre de 2026, Acción Democrática Nacional (ADN) ha comenzado a mover sus piezas con determinación. El movimiento del presidente Daniel Noboa, aún joven en el tablero político nacional, apuesta por consolidar una estructura propia en el territorio, lejos de las alianzas tradicionales que han marcado la política ecuatoriana. La decisión es clara y ha sido ratificada por el propio Noboa: no habrá acuerdo alguno con otras organizaciones. Se trata de una estrategia de largo aliento que busca forjar liderazgos internos.

En las últimas semanas, ADN ha destapado sus primeras cartas. Para la Alcaldía de Guayaquil suenan con fuerza el ministro del Interior, John Reimberg, y el asambleísta Andrés Guschmer. En la Prefectura del Guayas aparecen nombres como Niels Olsen, quien ya renunció a la Presidencia de la Asamblea Nacional. En Pichincha se menciona a figuras como Gabriela Sommerfeld y Giovanna Ubidia para Quito, y Harold Burbano o Eckenner Recalde para la prefectura. En Azuay y Samborondón también han circulado perfiles con experiencia pública. Estos nombres, en su mayoría vinculados al gobierno central o a la Asamblea, reflejan una lógica clara: trasladar capital político y visibilidad nacional hacia las batallas locales.

Esta movida interna ocurre en un contexto complejo. ADN participa por primera vez de lleno en unas seccionales como movimiento consolidado. Tras su performance en las legislativas de 2025, donde consolidó bancada, ahora busca presencia en alcaldías y prefecturas clave. La ausencia de alianzas implica un riesgo calculado: mide su real fuerza territorial, pero también expone sus limitaciones orgánicas en provincias donde aún no ha construido bases sólidas. Expertos señalan que el movimiento intenta capitalizar el arrastre de la marca Noboa, aunque el éxito dependerá de cómo se traduzca esa popularidad presidencial en votos locales. 

Internamente, la reestructuración orgánica también avanza. Reformas al régimen orgánico y la elección de nuevas directivas provinciales y cantonales buscan dotar al movimiento de mayor funcionalidad y representatividad. Es el paso de una plataforma electoral hacia un partido con vocación de permanencia. Figuras ministeriales y legislativas que bajan al terreno local demuestran compromiso, pero también generan interrogantes sobre si el gobierno central podrá mantener el ritmo de gestión mientras sus cuadros se desgastan en campañas territoriales.

En definitiva, ADN juega una partida de ajedrez con piezas propias. Su éxito o fracaso en noviembre medirá no solo el respaldo al gobierno, sino la madurez de un proyecto que aspira a trascender la figura de su fundador. Mientras los demás actores negocian alianzas, ADN apuesta por construir desde adentro. Una estrategia riesgosa, pero coherente con quien quiere dejar huella más allá de un ciclo electoral. (O)

alvaro.sanchez2000@hotmail.com

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