El cortisol y el aprendizaje

El cerebro humano funciona de manera asombrosa y sofisticada, procesando información, en ocasiones, en milésimas de segundos. Es así el caso del cortisol, la hormona del estrés, la cual es activada ante situaciones de estrés, ansiedad, frustración o situaciones que constituyan una amenaza tangible o intangible para la persona. Investigaciones recientes en neurociencia indican que el cortisol llega a su punto máximo en el cerebro en 90 segundos, mientras que el tiempo que se tarda en salir del cuerpo esta hormona del estrés puede variar de 1 a 3 horas.
Considerando esta información es primordial analizar la relación que existe entre esta hormona y el aprendizaje. Dentro de los factores académicos de influencia pueden encontrarse: la gestión inadecuada de los tiempos de descanso de los estudiantes, entornos educativos hostiles y tradicionalistas, sobrecarga de tareas y actividades escolares, temor a equivocarse, entre otros.
En consecuencia, un cerebro cansado, estresado o frustrado no aprende, ya que requiere regresar a la calma para procesar la información. Es así que índices altos de cortisol de manera reiterada y prolongada generan dificultades para memorizar, mantener el foco atencional, bajo rendimiento académico, desmotivación, afectaciones emocionales y comportamentales.
Por tanto, resulta indispensable reinventar la educación para crear espacios propicios para que los estudiantes puedan calmarse, autorregularse y gestionar sus emociones. Del mismo modo, es necesario fomentar en los estudiantes la habilidad para afrontar retos de manera resiliente y practicar hábitos saludables en cuanto a alimentación, ejercicio, sueño y actividades recreativas a fin de lograr un bienestar integral en sus vidas. (O)
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