Dolor inconsolable por la partida de Karen y Gael 

Policiales, Seguridad

La tragedia ocurrida en el sector del Socavón, donde un bus de la cooperativa Atahualpa se precipitó a un abismo, dejó una profunda herida en una familia que hoy llora la pérdida de dos de sus seres más queridos: Karen Pilapanta, de 21 años, y su hijo Gael, de apenas cinco años.

Karen estaba por cumplir sus 22 años en agosto, pero la muerte llegó sin avisar dejando dolor en el alma de su madre Judith Freire con quien vivía en el barrio del Pisque San José.

Lo que comenzó como una salida cotidiana terminó convirtiéndose en una de las peores pesadillas para sus familiares. Cerca de las 11:30 de la mañana del ocho de julio, Karen salió de su vivienda junto a su pequeño para realizar varias compras para la casa. Nadie imaginó que ese sería el último momento en que la verían con vida.

Con el paso de las horas y al no tener noticias de ambos, la preocupación comenzó a crecer en sus hermanos. Alrededor de las 15:30, su madre y su hermana empezaron a llamar insistentemente al teléfono celular de Karen, pero nunca obtuvieron respuesta.

La angustia aumentó cuando conocieron sobre el fatal accidente del bus. Cerca de las 16:30, el temor se convirtió en una dolorosa sospecha: Karen y Gael podrían encontrarse entre las víctimas mortales. 

Con el corazón destrozado, los familiares acudieron a la Policía y luego hasta la morgue, donde finalmente recibieron la confirmación que jamás quisieron escuchar.

Karen era la menor de cuatro hermanos. Estaba a pocas semanas de celebrar sus 22 años, en agosto. Vivía junto a su madre y, además de Gael, la infortunada deja en la orfandad a otro pequeño hijo de un año y medio, quien ahora enfrentará la vida sin el amor y la protección de su madre.

En la vivienda familiar solo se escucharon llantos, abrazos y palabras de consuelo entre quienes aún no logran asimilar la magnitud de la pérdida.

Amigos, vecinos y allegados han expresado su solidaridad, recordando a Karen como una joven trabajadora, cariñosa y entregada a sus hijos, pero sobre todo deportista, ya que cada fin de semana salía junto a sus hermanos y madre a realizar deporte, ya que le encantaba el índor.

La muerte de madre e hijo ha causado una profunda conmoción en la provincia, convirtiéndose en uno de los episodios más dolorosos que dejó el fatal accidente del bus de la cooperativa Atahualpa. 

Mientras las investigaciones continúan para esclarecer las causas del siniestro, una familia intenta encontrar fuerzas para despedir a Karen y al pequeño Gael, cuyas vidas fueron truncadas de manera repentina, dejando un vacío imposible de llenar.

Ante ello, hicieron el llamado a los responsables para que cubran los gastos con la pérdida de dos vidas de una misma familia, pero sobre todo para que paguen por lo sucedido. (I)

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