Documental se presenta en Ecuador como instrumento cuestionador del poder

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En ese sentido, admitió que se está viviendo un «momento interesante» con la llegada de estas nuevas plataformas ya que, aunque existe cierta desconexión con las audiencias, estas herramientas «han hecho que mucho contenido digital esté disponible para todo el mundo». (Foto EFE)



Quito, (EFE).- El día en que Auguste y Louis Lumière hicieron su primera película en 1895, nació el cine documental, un género que se reinventa y que se antoja muy importante para dar a conocer realidades marginales, al ser también un instrumento para cuestionar el poder.

Estos días se desarrolla en la capital ecuatoriana la XVIII edición del Festival Internacional «Encuentros del Otro Cine» (EDOC), en el que un centenar de producciones de cuarenta países se presentan con la idea de demostrar la vigencia y actualidad que tiene este formato audiovisual.

La primera obra de los Lumière tras patentar su cinematógrafo fue «Salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lyon Monplaisir», que reflejaba imágenes de la realidad cotidiana y que se considera una idea primitiva de lo que hoy en día es el documental.

A ella, le siguieron otras piezas que tenían el mismo punto de encuentro en la no ficción para relatar el día a día.

Según el director del EDOC, Alfredo Mora, la historia del cine comienza con el documental, el cual en un principio se consideraba como un formato que estaba «absolutamente pegado a la realidad», idea que se mantiene en la actualidad.

Y es que no fue hasta 1902, siete años después, cuando se empezó a hablar de cine de ficción al estrenar Georges Meliès su creación «Un viaje a la Luna».

Además, se puede convertir en un salvavidas que cuente los temas relegados de las agendas informativas de algunos medios cercanos a círculos de poder.

«Yo creo que una de las mayores implicaciones que tiene ver cine documental es el hecho de que siempre está cuestionando el poder, puede ser el político, el económico, el mediático, y consigue que quien lo vea también se haga esos cuestionamientos», opinó el director del Festival.

Este género, además, ha variado a lo largo de las décadas, trayendo al panorama nuevas alternativas como el documental de animación o el guionizado.

Precisamente, en esta edición del EDOC se presenta, por primera vez, una sección dedicada a la no ficción animada que espera «impactar» a mucha gente poco acostumbrada a que exista esa unión, en palabras de Mora.

Igualmente, este año el Festival proyectará 70 trabajos documentales, entre cortos y largometrajes, hechos por el cine ecuatoriano.

«Ecuador tiene una enorme tradición de cine documental que viene desde tiempos muy antiguos: en los años 70 se rodó en celuloide una enorme cantidad de trabajo de corte indigenista que tenía que ver con la llegada de la explotación petrolera al Amazonas, y esos temas siguen persistiendo ahora», explicó el también productor y cineasta.

Para que, a pesar de las dificultades en su difusión, el documental llegue al público éste debe tener una serie de ingredientes.

En primer lugar, la honestidad del creador a la hora de enfrentarse a un tema sin perder su propia filosofía y, en segundo lugar, que mantenga su apego a la realidad, pero sin dejar de retar a las normas y a lo que está prestablecido como documental.

Asimismo, Mora reconoció que la inmediatez a la hora de desarrollar un proyecto «no está necesariamente unida ni divorciada de la calidad».

Para tratar de impulsar la creación en Latinoamérica, y poniendo como ejemplo lo que ya sucede en países europeos como Islandia, Dinamarca o Suecia, abocó por proponer la existencia de políticas públicas para ayudar a que plataformas digitales como Netflix, Amazon o la propia YouTube «estén presentes en un país y contribuyan al desarrollo del cine». (I)


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