Dinero bueno, dinero malo… ahorro, inversión o gasto

Columnistas, Opinión

Dejo de lado el enunciado en la “ley de Gresham”, quien indica que el dinero malo  es aquel que se produce con monedas de menor calidad o valor (menos metales preciosos) y el dinero bueno aquel que tiene más oro y plata en su contenido.

En este caso no se trata de la “elaboración” de la moneda, ya que parto del consentimiento del dólar como medio de cambio, unidad de  cuenta y reserva de valor; sino del uso que lo podamos, dar visto desde diferentes aristas, dependiendo nuestro grado de conocimiento y profesionalismo del mundo financiero.

Será malo cuando tomemos el dinero fruto de una herencia, venta de un activo (carro, casa, terreno, acciones) y lo destinemos a la compra de bienes suntuarios (ropa de marca, paseos, últimos celulares,  adquisición de carros nuevos, etc), considerando siempre aquellos “fijos” que son necesarios para nuestra vida diaria, como arriendo, servicios básicos, alimentación, seguridad, estudios, salud, pago de tarjetas.

En mi ciudad Ambato, debemos aprender a manejar de manera eficiente la educación financiera, es decir aquella que nos permite aprender temas importantes como, qué es un activo, un pasivo, el flujo de efectivo, los costos de oportunidad del capital, el apalancamiento financiero, la administración de ingresos pasivos, etc.

Al leer una obra muy conocida como “El hombre más rico de Babilonia” estamos aprendiendo temas trascendentales como el ahorro, el cual deriva de un 10% o incluso 20% de nuestro salario, pero la conservación del dinero no lo es todo, debemos tomar otra obra muy popular como “Padre Rico, Padre pobre” para comprender que solo la inversión en proyectos que han sido analizados sigilosamente por profesionales del ramo, actualizados a nuestra realidad, verificados con elementos de mercado y técnicas informáticas, nos permita generar el ingreso deseado sin necesidad de estresarnos o esparciendo todo nuestro tiempo en el “trabajo” sin dejar un espacio a nuestra familia, amigos, obra social o a Dios.

En realidad no existe un dinero bueno o malo, todo depende de la óptica como lo miremos, algunas personas privilegian el “ahora”, disfrutar del momento hoy,  que son jóvenes, otros en cambio prefieren ahorrar, invertir, obtener una utilidad, que les puede brindar una renta con la que podrán satisfacer sus expectativas con el tiempo; la óptica difiere entre el conformismo, la visión del entorno familiar, la superación y por supuesto la educación financiera. (O)

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