De nuevo ¡gracias presidente Trump!

A finales de junio del 2025, cuando EEUU bombardeó los hangares subterráneos donde Irán almacenaba uranio enriquecido, escribí una columna de opinión agradeciendo al presidente norteamericano Donald Trump porque, lo aceptemos o no, esa sola acción valiente y decidida le evitó al mundo que en el corto o mediano plazo pudiera desatarse un conflicto armado de consecuencias apocalípticas para la humanidad.
Hoy, seis meses después, con la captura del narcodictador venezolano Nicolás Maduro la madrugada del 3 de enero del 2026 por parte de fuerzas militares estadounidenses, tengo que volver a felicitarle de pie con una ovación larga y sonora de parte de todos quienes estamos del lado correcto de la historia.
Sí, felicitarle y agradecerle porque, si bien, lo de Irán fue grandioso, lo de Venezuela es extraordinario por varias señales que nos competen directamente a los ecuatorianos. Y es que la captura de Maduro, ciertamente, no traerá soluciones rápidas, sí deja señales claras.
Estas señales, para el caso de Ecuador, tienen que ver con la cercanía geográfica que acarrea inevitables efectos en la región como son las positivas y alentadoras implicaciones políticas, sociales y económicas; el duro panorama que se vislumbra para los narcopolíticos y grupos partidistas afines; y claro, el tan anhelado comienzo del fin del Socialismo del siglo XXI como ya lo anunciara el mismo Trump con la próxima e inminente caída de la dictadura cubana. ¿Dígame si no es motivo de un apoteósico agradecimiento a Trump?
Pero no todo es color de rosa. La verdadera transformación de Venezuela no será ni fácil ni rápida ni cómoda. Sin embargo, el paso más duro, riesgoso y por el que millones de venezolanos esperaron veintiséis años se acaba de dar gracias a un personaje que está haciendo historia, eso es lo importante, lo demás irá construyéndose paso a paso en el camino. Hay que entender, por cierto, que parte de esa -construcción / transición- es el “acuerdo” que Trump hiciera con la ilegal vicepresidenta Delcy Rodríguez en estos primeros momentos para promover más adelante el verdadero cambio.
Lo dije y lo repito: Donald Trump no es santo de mi devoción, pero quien niegue el impacto esperanzador que han propiciado muchas de sus decisiones en el mundo es porque se rehúsa a ver lo obvio o porque mantiene intereses oscuros compartidos con la izquierda narcoterrorista.
Al final del día, el juicio de la historia no se escribirá basándose en la simpatía o antipatía que nos genere un líder, sino en la libertad de los pueblos que sus decisiones ayudaron a rescatar. Por eso, hoy, con la mirada puesta en una Venezuela que vuelve a respirar y un Ecuador que vislumbra un horizonte sin la sombra del narcopopulismo, la gratitud no es una cuestión de ideología, sino de dignidad y justicia.
De nuevo, ¡gracias presidente Trump!
