De la felicidad

Es muy importante continuar con la serie de conocimientos sobre los químicos cerebrales que pueden servirnos de mucho y hasta salvarnos si los utilizamos bien o nos pueden destruir si ignoramos que pasa con ellos en el nuestro cerebro y organismo en general.
Exploremos ahora el fascinante mundo de las endorfinas, conocidas popularmente como las “hormonas de la felicidad”. Estas moléculas no solo modulan el dolor y el placer, sino que también juegan un rol crucial en el bienestar emocional y la capacidad humana universal para afrontar adversidades, traumas o situaciones de alto estrés. Son los analgésicos naturales de tu cuerpo. Son los que nos permiten soportar el dolor, tolerar la incomodidad, perseverar cuando todo en nosotros quiere rendirse. El dolor no es nuestro enemigo. El dolor es nuestro maestro. Las endorfinas se liberan cuando empujamos nuestro cuerpo más allá de su zona de confort, cuando hacemos esa repetición adicional, cuando nos quedamos trabajando cuando todos los demás se rinden. Esa euforia, esa sensación de éxtasis después de un esfuerzo brutal, esa paz que sentimos después de superar un desafío extremo.
Cada vez que liberamos endorfinas a través del esfuerzo, estamos entrenando a nuestro cerebro para asociar el dolor con recompensa. Estamos “recableando” nuestro sistema nervioso para buscar desafíos en lugar de evitarlos. Los hombres débiles evitan el dolor a toda costa, buscan comodidad, facilidad y el camino más suave. Debemos abrazar el dolor del esfuerzo, del sacrificio, porque sabemos que del otro lado del dolor está el crecimiento.
La pregunta sería; ¿Cómo activamos las endorfinas y construimos tolerancia al dolor? Lo haremos con el ejercicio de alta intensidad. También los cambios bruscos de temperatura en duchas, saunas y piscinas polares. Por lo menos una vez a la semana, hagamos algo que nos “asuste” físicamente, un desafío de resistencia, no importa qué, lo que importa es que sea difícil, que nos obligue a superar nuestro límite mental. Otra manera de liberar endorfinas es la risa, pero la genuina, no el emoticón de risa ni el jajaja falsos de las redes sociales, es la risa real, profunda, con personas que amamos. La conexión humana genuina es una fuente poderosa de endorfinas. Son los químicos de la resiliencia que nos permite seguir cuando nuestro cuerpo dice ya no puedo más mientras nuestra mente dice un paso más, esa fuerza que en la vida militar la llaman “ñeque”, esto nos hace conocer ese espacio entre el “ya no puedo” y el “lo haré de todos modos”.
Como vemos, la acción de las endorfinas va mucho más allá del mero alivio del dolor. Las endorfinas también son conocidas como las “hormonas de la felicidad” porque activan los centros de placer del cerebro, generando sensaciones intensas de bienestar, euforia y satisfacción. Mejoran el estado de ánimo, reducen la ansiedad y el estrés, regulan la respuesta inflamatoria e inmunológica. Representan uno de los sistemas más elegantes y eficientes que posee el cuerpo humano para autorregularse: nos ayudan a soportar el sufrimiento físico y emocional, mientras nos recompensan con placer cuando superamos desafíos o disfrutamos momentos positivos. (O)
