Contrastes

Columnistas, Opinión

En todo momento, lugar y circunstancia la vida nos presenta contrastes, aspectos de un mismo hecho que son buenos para unos y malos para otros y que, por tanto, marcan diferencias decidoras en los involucrados.

En el aula de clases, por ejemplo, un chico mira la nota del examen con sobresaliente y pasa de año, a su lado un compañero tuvo una mala calificación y reprueba. En otro lugar, una pareja recibe la noticia de que van a ser padres y mientras ella explota de felicidad, él se reniega porque aún no estaba en sus planes. Un clásico de la literatura super recomendado resulta ser una lectura extraordinaria para unos y recontra aburrida para otros. Un cumpleaños podría ser ocasión de alegría y celebración para el niño homenajeado y de congojo y dolor para sus padres que perdieron a su gemelo.

En fin, cualquier cosa tendrá su contraste, jamás encontraremos vivencias homogéneas y uniformes respecto a un mismo hecho porque así las veamos como inequívocamente obvias, tal vez en la habitación de al lado habrá quien piense lo contrario.

El pasado jueves 25 de junio el Ecuador vivió una de sus más grandiosas experiencias de felicidad desbordante cuando nuestra selección de futbol remontó el marcador en contra y le ganó a Alemania 2-1 en la fase de grupos del Mundial 2026. Clasificamos ganándole al equipo cuatro veces campeón del mundo y millones de ecuatorianos saltamos, gritamos, nos abrazamos y hasta lloramos de alegría. Ríos de gente en las calles festejaron a lo grande este triunfo histórico.

En tanto que acá vivíamos una fiesta general en todo el país, y que no era para menos, nuestros hermanos venezolanos aún no podían creer la magnitud del devastador terremoto que los azotó tan solo 24 horas antes. Centenares de edificios derruidos, ciudades enteras devastadas, miles de personas desaparecidas, atrapadas aún con vida o muertas bajo los escombros, padres sin hijos e hijos sin padres lloran desconsolados la peor tragedia natural que les vino en un segundo. 

Y es que, así como no hay palabras para relatar el dolor y sufrimiento de toda Venezuela sumida en la peor desgracia, tampoco las hay para narrar la emoción de júbilo que en ese mismo instante sentíamos en el Ecuador. Y no es indiferencia, desamor o apatía, es solo la vida hablándonos en contrastes. 

He aprendido, sin embargo, que no debemos evaluar el significado completo de los acontecimientos a la luz de un solo fragmento de la realidad ya sea este plenamente dichoso o perturbadoramente penoso. Cada uno de ellos es apenas un eslabón de tantos otros que a lo largo de la vida irán dando el sentido último a las circunstancias que atraviesa. Mientras tanto, nuestra ineludible tarea es ser luz en cualquier instancia en la que ahora mismo nos toque vivir el contraste. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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