Consejo para los electores

Columnistas, Opinión

Los políticos están considerados como maestros en el arte del engaño.  Nada más lejos de la realidad, pues lo hacen de una forma tan burda que, sin duda alguna, fracasarían en su intento si no contasen con masas conformistas, cuyas mentes no sólo son incapaces  de descubrir la mentira, sino que hasta la necesitan para ser felices, pues, a falta de una realidad satisfactoria y gratificante, se ilusionan con la esperanza del bienestar hipotético,  casi siempre inalcanzable, que les prometen.

La democracia, el poder se consigue con los votos y éstos no se logran haciendo ver al ciudadano la cruda realidad, que suele ser desagradable, sino ofreciendo paraísos imposibles, con el propósito de no cumplir lo prometido. Viene a nuestra memoria aquel candidato a la Presidencia de la República de Ecuador que basó su campaña en prometer una vivienda  digna para cada pobre del país. Los pobrecitos pobres se ilusionaron con tan absurda utopía y lo votaron en masa. Finalmente y a pesar de tan exageradamente generosa oferta electoral, ganó las elecciones  su contrincante ( de triste recuerdo)  y no se pudo demostrar lo parco que hubiese sido en realidades un candidato tan pródigo en  promesas.

Para que un  pueblo prospere, es imprescindible que sus ciudadanos sepan cuáles son sus propios deberes y

cumplan con ellos, que cada individuo se considere responsable de su propio bienestar y acepte, en segundo término, su obligación de participar en el del resto de la sociedad. En cambio, cuando,  en vez de pensar en nuestras propias obligaciones, estamos pendientes de la forma de  beneficiarnos de las de los demás, convencidos de que es un derecho que nos corresponde, florecen y fructifican desmesuradamente las fortunas de una minoría activa u oportunista, mientras el  resto pasivo de la sociedad entra en la decadencia y, finalmente, en la ruina. (O)

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