Arte colonial y la modernidad coexisten

En las faldas del volcán Tungurahua, existe un Resort que no solo ofrece bienestar, sino un viaje vivo por la historia y el arte de la región.
Levantado sobre una antigua propiedad, con más de 300 años de antigüedad, este complejo se ha convertido en un auténtico custodio del patrimonio intercultural ecuatoriano.
Al recorrer sus instalaciones, el visitante se sumerge en un diálogo visual entre el pasado colonial y la identidad andina. Sus muros de piedra volcánica tallada y los techos de madera noble resguardan valiosas piezas de imaginería sacra, entre las que destacan trípticos barrocos y esculturas exentas con la técnica del estofado dorado, herencia directa de la célebre Escuela Quiteña de los siglos XVII y XVIII.
Este misticismo religioso coexiste armónicamente con el arte costumbrista contemporáneo. Pinturas al óleo que retratan el arreo de ganado por los chagras locales, bajo un cielo encendido por la erupción del Tungurahua, rinden homenaje a la fuerza de la naturaleza y al carácter de su gente. Así, el resort fusiona el confort moderno con un museo habitado, manteniendo vivo el legado histórico de los Andes. (I)
