Aferrar las cordilleras, los libros y el puño

Columnistas, Opinión

Dejar el testimonio de las historias individuales bajo el formato de un libro va siendo una constante en nuestro medio tungurahuense. Aquí nos encontramos con una singular publicación del maestro Edison Morales Acosta (1946) que bajo el título de “Unos poemas y un cuento que se cumplió” nos acerca a su sensibilidad, y sobre todo, a su recuerdo de trayectoria vital ligada al magisterio ejercido desde esos trasfondos de una Patria  indiferente a las preocupaciones y obligaciones con la niñez campesina.

Los textos poéticos tienen una secuencia cronológica del ritmo de la vida. El tema del amor está relatado con el sabor de todo lo que sabe a ilusión, onirismo sensual e ingenuidad juvenil. Vemos cómo pasa la adolescencia por un camino que no supimos en qué momento dejamos de recorrerlo. Se avizora el horizonte con la nostalgia de un día ha de llegar un camino a su final. Y en este momento creo que el ser humano se pone a ordenar en papeles lo que ocurrió con sus sentimientos. Y no solo siente lo autobiográfico, sino que deja testimonio de lo que le preocupa de su entorno vivencial, que es lo que ha venido a compartirnos.

La textualización poética es de metáforas fáciles como “la lluvia que envidia tu risa”, “soy el mar en tu mirada oculta”…en tu ausencia, en tus ojos”, como quien dice, en cada experiencia diaria que es una forma de vivir la poesía.

 Una segunda parte de este testimonio textual tiene que ver con su experiencia de maestro. “Aprendiendo a ser maestro” de las primeras letras en parajes de la patria olvidada, refundida en nuestras montañas, es un trabajo visualizador de nuestra penumbra educacional por parte de las administraciones del Estado sin conciencia. No es raro en lo que he vivido y he palpado también en mi experiencia de vida, que una cárcel de pueblo juntamente con una tenencia política hayan compartido cuartuchos adosados con una cantina de pueblo. Un lector que busca experiencias antropológicas puede considerar ésto como parte de lo real maravilloso. Que un maestro no tenga sino que hospedarse en la  única cantina de un pueblo, no solamente es una denuncia simbólica; sino la ironía entre el vicio evasor de la realidad, y la paradoja   desafiante del maestro que debe cambia la tiniebla con las luces del saber.

En lo personal, la relatística de Edison Morales, la vivencial, puedo decir que es de lo más logrado del presente trabajo. Mezcla de espontaneidad con la que lleva el argumento narrado, con imágenes que son sacadas de su cantera poética, nos conducen a un conversatorio de largo aliento. (O)

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