Camisetas de alquiler

Todavía no concluye la postulación de candidatos para las elecciones seccionales y la política nacional nos ofrece una de sus escenas más conocidas: el camisetazo.
Lo ocurrido con Cynthia Viteri para la Alcaldía de Guayaquil podría ser mucho más que una anécdota y abrir la puerta para que otros aspirantes hagan lo mismo. Días atrás, Viteri, una de las exfiguras más relevantes del Partido Social Cristiano, apareció como precandidata de Centro Democrático. Eso ya fue sorpresivo. Poco después, se autopresentó por Acción Democrática Nacional (ADN), el movimiento del presidente Daniel Noboa. Al mismo tiempo, Niels Olsen, quien figuraba como una de las principales cartas de ADN para Guayaquil, terminó proyectado hacia una candidatura para Samborondón. Premio o castigo, solo el tiempo lo dirá. Lo cierto es que la disputa por Guayaquil parece justificar cualquier movimiento político.
Los cambios de partido no son nuevos. Lo que sorprende ahora es la naturalidad con que ocurren. Antes, al menos, existía el esfuerzo por justificar el cambio mediante diferencias ideológicas o desacuerdos internos. Hoy basta una fotografía, una rueda de prensa o una publicación en redes sociales para que el cambio de camiseta parezca completamente normal.
Inevitablemente, la inquietud es si este será apenas el comienzo. ¿Se verán movimientos similares en Quito, Cuenca, Ambato, Manta…? ¿Sucederá lo mismo con otros dirigentes cuyo futuro parecería no estar definido? La postulación recién empieza y todavía pueden aparecer sorpresas.
Mas el problema no se limita a los candidatos; también alcanza a los partidos y movimientos, convertidos en simples vehículos electorales. Poco importa quién los fundó, cuál fue su historial o qué principios defendieron o defiende hoy. Algunas organizaciones arrastran el peso de un pasado cuestionado y, aun así, continúan sirviendo como plataformas para cualquier aspirante con posibilidades de triunfo.
En el Ecuador existen candidatos que buscan partidos necesitados de votos para sobrevivir y partidos que buscan candidatos con capital electoral rentable. Las ideologías dejaron de ser una convicción para convertirse en un requisito de inscripción.
Ese es el verdadero problema. La conveniencia reemplaza a las convicciones y la democracia pierde contenido. Los ciudadanos terminan votando por personas que mañana podrían defender exactamente la bandera contraria sin ofrecer la menor explicación. Los partidos ya no representan ideas, sino oportunidades. No sorprenden los camisetazos. Lo verdaderamente preocupante es que hayan dejado de avergonzar a sus protagonistas. (O)
