Revoluciones en el abismo

Cuba es la evidencia del destino fatídico de la revolución que derrocó a Batista hace casi 70 años. Terminó en una dictadura atroz, con el país hundido en la miseria. Varias generaciones de cubanos fueron condenadas a la pérdida de oportunidades en la vida, al negárselas, desde el gobierno dictatorial, la posibilidad de prosperar. En la Unión Soviética ocurrió algo parecido después de la revolución de octubre. El hambre mató a millones de soviéticos mientras el dictador Stalin ordenaba el fusilamiento de los revisionistas y los enemigos del sistema. Venezuela no se quedó atrás. Los dictadores Chávez y Maduro quebraron al país, al tiempo que persiguieron, encarcelaron y asesinaron a miles de ciudadanos. Hasta que Deng asumió el poder, la China de Mao fue un monumento a las hambrunas y a las matanzas políticas. Sobran los ejemplos del camino hacia el abismo político, económico y social, recorrido por los revolucionarios y sus revoluciones.
En Colombia se está librando una intensa batalla electoral entre los que se oponen al proyecto revolucionario del comunista Cepeda y éste apoyado por el presidente Petro. Con el triunfo del derechista Abelardo de la Spriela, Cepeda ha desistido de la constituyente chavista, con la que se había comprometido. Si bien Colombia no está en el trance en el que estuvo Venezuela con la llegada de Chávez, lo cierto es que la institucionalidad de ha deteriorado en los cuatro años del gobierno de Petro. Y se deterioraría aún más con un eventual gobierno de Cepeda. A tiempo los colombianos han sido advertidos de la dimensión antidemocrática de la opción comunista. Se espera que Cepeda sea derrotado en la segunda vuelta para que se disipe el peligro de un peculiar camino revolucionario, en un país con guerrilla, paramilitares y narcotráfico en amplias zonas del país, donde el candidato comunista derrotó a su oponente.
Perú se encuentra en un dilema parecido, aunque muy lejos de un proyecto como el que representa Cepeda en Colombia. Keiko es la alternativa democrática en la segunda vuelta. Lo interesante de Perú es que la economía capitalista funciona sin problemas, sin importar quien ocupe la presidencia de la república. De este modo, no está tan expuesta como en Colombia y otros países.
Ecuador debe mirar antentamente los procesos electorales en Colombia y Perú. De ocupar extremistas de corte comunista las jefaturas de Estado en esos dos países, nuestra situación se complicaría. (O)
